Arquidiócesis de Xalapa

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Ciudadanos y Política

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Manuel Liaño Carrera 

Cuando los ciudadanos aludimos a los partidos políticos, se refiere a ellos como si fueran un grupo extraño, un ente ajeno, casi literalmente de otra dimensión. Por su parte, los partidos viven una dualidad, pues por un lado necesitan de la sociedad para existir, pero cuando se trata de abrir sus principales espacios de poder, son autónomos e independientes.

Ante la catástrofe que vivimos en gran parte del país, agravada por un gobierno inoperante e incapaz, en los últimos meses mucho se ha escrito y comentado sobre la comunión entre ambos sectores, que por fin habría llegado el tiempo de los ciudadanos y que los partidos políticos en una gran alianza con la sociedad abrirían sus candidaturas para ciudadanos reconocidos.

Con la reciente designación de los candidatos por parte de los partidos, se ha generado un sentimiento de frustración, decepción y engaño. Con justificada razón, los partidos políticos y sus actuales dirigentes son el blanco de las críticas y reclamos. Sin embargo, en lo personal pienso que, si bien son los principales, no son los únicos responsables. Por un lado, percibo una sociedad civil organizada entusiasta, preocupada y ocupada, pero incapaz de organizarse eficientemente. El gobierno, políticos y partidos no la toma en cuenta. Por otra parte, en las boletas electorales de la próxima elección se presentarán como la alternativa de solución al problema que enfrentamos, precisamente los mismos que generaron el hartazgo social que provocó a la población votar en el 2018 con justificada ira.

A lo largo de mi experiencia he comprobado que, por una cuestión cultural, los ciudadanos nos sometemos y supeditamos a la autoridad, cualquiera que esta sea, sin mayor reparo. Salvo pocas excepciones, nos acomodamos al papel de crítico y espectador, aunque sea tras bambalinas donde todo se decide. Consecuencia de esta apatía y pasividad, en la generalidad de las veces somos una sociedad reactiva.

Por el bien de nuestra familia, esto tiene que cambiar con una participación inteligente y perseverante de los ciudadanos. Mientras logramos implementar estos cambios en el actuar de la sociedad, por lo menos, vayamos a Votar. En la elección del próximo mes de junio, debemos buscar por el mal menor (bien posible). Ello implica guardar temporalmente los reclamos (a unos y otros) y optar por los candidatos que nos permitan construir un equilibrio de fuerzas en el congreso y tener contrapesos sanos al gobierno.