Arquidiócesis de Xalapa

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El amor verdadero es desinteresado

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Pbro. Joaquín Dauzón Montero 

Si lees con atención el diálogo que Jesús entabla con Nicodemo, te puedes dar cuenta que le habla de tres cosas importantes: La necesidad de nacer de nuevo, La serpiente que levantó Moisés en el desierto y El amor de Dios. Y para reflexionar un poco, podemos empezar considerando “c”, seguir después con “b”, para llegar, finalmente al “a”.

c) El amor de Dios

Miren, nosotros confundimos, en muchos momentos de nuestra vida, el amor verdadero con otra clase de sentimientos. Si yo le doy el mismo significado al amor de mi madre y al amor por mi coche, pobre de mi mamá, porque ella es una persona y le estoy dando el valor de una cosa. Si para mi es lo mismo el amor erótico que el amor por ella, sería un desacato imperdonable. Tengo que pensar en lo que dice el verso 16 acerca del amor de Dios. La aportación del N.T. es que no se refiere al amor erótico ni directamente al amor amigo, sino al amor que se traduce en griego como “agape”, es decir, el amor desinteresado y creador de Dios capaz de sacrificarse en su Hijo para salvar al mundo y en el mundo a aquel que quiera alcanzar la libertad y la vida.

b) La serpiente que levantó Moisés en el desierto

Este es el amor que hace posible lo que simboliza la serpiente levantada en el desierto, donde, a propósito, no salva el símbolo sino la mirada dirigida al único que puede salvar: Dios en su Hijo que son el centro del universo, donde rebosa el amor desinteresado que salva a quien pone en él su mirada y lo confiesa en la fe. Solo el amor verdadero es capaz de sacrificarse por la salud de todos los hombres.

a) La necesidad de nacer de nuevo

Este es el amor que hace posible, también, un nuevo nacimiento. Jesús se extraña de la perplejidad en la que se sume la mente humana ante un prodigio tan grande y apela a la conciencia. No podemos dejar de pensar en el bautismo y en el olvido que nos hace relegarlo en el rincón oscuro de la conciencia. Otra cosa sería tenerlo vigente y actuante en el consciente hoy y sabernos una criatura nueva, un hijo en el Hijo, porque se sabe que si algo está presente en la mente, mueve a la acción creadora que llevaría a todo seguidor de Jesús a no comportarse como pagano, como un entenado. El resultado sería el amor cristiano que se entrega, se sacrifica por los demás a quienes debe amar como Jesucristo nos amó, entregándose como él generosa y gratuitamente se entregó. El amor que no se dona y se sacrifica, no es verdadero.