Arquidiócesis de Xalapa

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La paz es más poderosa que la guerra

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Celeste del Ángel 

Lo que hubiera sido impensable en otros tiempos ocurrió el pasado fin de semana. Un Sumo Pontífice pisando tierra de musulmanes, tierra por demás peligrosa, donde por años ha ondeado la bandera del terrorismo.

Bastaron cuatro días –del 5 al 8 de marzo de 2021– para que el Papa Francisco dejara huella en Presidentes y Primeros Ministros, en especial de la zona del Kurdistán, pues al reunirse con la alta autoridad religiosa de Iraq, mostró a su manera el diálogo interreligioso y el acercamiento entre religiones.

A su llegada a Bagdad tuvo un encuentro con autoridades y la sociedad civil, donde les recordó que mirándonos entre nosotros, como miembros de la misma familia humana, podremos comenzar un proceso efectivo de reconstrucción y dejar a las generaciones futuras un mundo mejor. La diversidad religiosa, cultural y étnica es un recurso valioso para aprovechar, no un obstáculo a eliminar. Recordó a los yazidíes, perseguidos y asesinados a causa de sus creencias religiosas. También se reunió con obispos, sacerdotes y religiosos en la Catedral de Nuestra Señora de la Salvación y los animó a perseverar en el apostolado educativo y caritativo de sus Iglesias particulares para enriquecer la Comunidad católica en Irak.

Al siguiente día visitó Nayaf, donde visitó al Gran Ayatolá Sayyid Ali Al-Husein Al-Sistani y más tarde tuvo un encuentro interreligioso en la llanura de Ur, lugar de nacimiento de nuestras religiones. «Al igual que nuestro padre Abraham escuchó la llamada de Dios, ahora nosotros debemos mirar al cielo y caminar en la tierra. Como creyentes no podemos callar cuando el terrorismo abusa de la religión», señaló el Papa. De vuelta en Bagdad, ofició la Santa Misa en la Catedral caldea de San José.

El domingo 7 de marzo visitó Erbil, donde se entrevistó con el Presidente de la Región Autónoma del Kurdistán iraquí y autoridades religiosas y civiles de la región. Más tarde en Mosul oró por las víctimas de la guerra e invitó a la comunidad cristiana a regresar a Mosul para asumir el papel vital de sanación y renovación. En la comunidad de Qaraqosh, en la iglesia de La Inmaculada Concepción, les dijo: «¡No están solos! Toda la Iglesia está con ustedes, por medio de la oración y la caridad concreta».

Pidió a los responsables de las naciones que la creciente proliferación de armas ceda el paso a la distribución de alimentos para todos. Este es el momento de reconstruir no sólo los edificios, sino ante todo los vínculos que unen comunidades y familias, jóvenes y ancianos. Pidió mirar a sus hijos, sabiendo que heredarán no sólo una tierra, una cultura y una tradición, sino también los frutos vivos de la fe que son las bendiciones de Dios sobre esta tierra. Los animó a no olvidar quiénes son y de dónde vienen, a custodiar los vínculos que los mantienen unidos y a custodiar sus raíces.