El voto de la mujer y sus resultados democráticos
Alejandro Ortega Velázquez
El 17 de octubre de 1953 se publicó en el Diario oficial de la Federación del gobierno de México, el decreto en el que se anunciaba que las mujeres tendrían derecho a votar y ser votadas para puestos de elección popular. Fue un hecho trascendental, aunque retrasado e incipiente en la vida pública de México, debido a que la demanda del voto femenino se realizaba desde los primeros años del siglo XX.
El decreto del presidente Adolfo Ruiz Cortines, representó el primer paso hacia la igualdad de género en la participación política. 68 años después, la participación electoral de las mujeres se ha ido consolidando, pese a que aún guarda algunos pendientes.
A tres meses de los comicios del próximo 6 de junio, nuevamente la participación de las mujeres será mayoritaria. La lista nominal de electores para esta elección será de 95 millones, de los cuales 52 por ciento son mujeres. Los estudios de participación en las elecciones recientes, muestran que las mujeres han votado más y han respaldado más a los candidatos ganadores. En las elecciones presidenciales de 2018, las mujeres votaron más que los hombres: 66.2 por ciento por 58.1 por ciento del voto masculino; una diferencia fue de ocho puntos porcentuales. Este año se suman a la Lista Nominal alrededor de 3.7 millones de nuevas electoras, de entre 18 y 20 años.
La amplia participación electoral femenina ha fortalecido a la democracia electoral en nuestro país. Sin embargo, su énfasis de participar en la agenda política ejerciendo su voto, en muchos casos es un hecho que contrasta con las limitantes de acceso a cargos de elección popular, de acceso posiciones destacadas de gobierno por capacidades o a las condiciones persistentes de recibir salarios menores por un trabajo que se paga mejor a los hombres. Las mujeres tienen razones abundantes para expresarse y protestar, si las demandas de equidad de género no avanzan.
Nuevamente se espera una gran votación femenina en todo el país que puede cambiar su respaldo e intención conforme sus demandas no sean escuchadas y atendidas. Por su dimensión, el voto de la mujer mexicana puede verse como un parámetro del nivel de satisfacción o de enojo, de quienes con su voto -a favor o en contra- calificarán los resultados, la atención o el desdén del gobierno a mitad del sexenio.