Arquidiócesis de Xalapa

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El Triduo Pascual

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Francisco Ontiveros Gutiérrez 

El centro de la celebración

La Iglesia es especialista en humanidad, es madre y maestra en todo lo que tiene que ver con lo humano. Y los humanos más cercanos a este asunto somos nosotros, el pueblo de Dios. De tal manera que el valor del triduo pascual se encarna en la experiencia de cada uno: somos la sede vital de la celebración. El valor del triduo pascual es formidable. Nos traslada a lo central en el ministerio y la vida de Jesús. Es el centro de las celebraciones litúrgicas, recordando el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor, se enciende en cada cristiano el deseo de configurarse con Cristo y seguirlo con total generosidad. Se encienden en nosotros los deseos del Señor y su vida.

Esta celebración nos permite descubrir cómo anda nuestro deseo por adherirnos a Cristo y por seguirlo generosamente. Hemos de ser muy honestos al reconocer la calidad del deseo y el nivel de nuestra respuesta. Esto es la espiritualidad, la que toma en cuenta la experiencia de Dios en el humus de nuestra vida.

La celebración del amor

La celebración de estos grandes misterios, en nuestras vidas, nos inquietan por descubrir cómo andamos en eso del “amor”: nos dejamos amar por Dios, nos sentimos verdaderamente amados por Él, ¿tenemos una experiencia afectiva de su amor?, o tenemos solo una experiencia conceptual. Esta es la otra cuestión que nos deja al descubierto la celebración del jueves santo, puerta de entrada al glorioso Triduo Pascual. Esto nos sitúa en la verdad del amor. Un amor que lleva a ponerse en el suelo para lavar los pies. Que hace entregar la vida a pensar del dolor humano y nos pone en ocasión de vivir en serio. Pues el servicio es la razón que le da sentido a la vida cristiana.

El camino de la cruz

La singularidad del Dios de Jesucristo radica en que se manifiesta bajo una forma y a través de caminos totalmente inesperados; caminos imprevistos. Eso pasa con el camino de la cruz. La Cruz es escándalo y locura que desconcierta los razonamientos humanos. Sólo quien está dispuesto a entrar en el seguimiento de Cristo puede ver en todo este aparente tormento la pedagogía de la ternura de Dios. La cruz solo puede entenderse en la lógica del don y del abandono. De la plena confianza en un Dios que no defrauda. Que siempre está a favor de sus amigos.

La reflexión que anima nuestra vida nos hace darles la cara a nuestros temores, a nuestros miedos y resistencia a la muerte. Como afirma el papa, tenemos toda la vida para reconciliarnos con nuestra propia muerte. A todos nos da temor morir, rehuimos la muerte a como dé lugar. ¿Por qué?, cuál es el miedo que se esconde en el hecho de no querer morir.

La resurrección

El evangelio de la noche de la Resurrección nos concede una enseñanza formidable: solo yendo al sepulcro podemos ser testigos de la vida, de nuestra vida. Y es que, Dios es el Dios de la vida, que nos quiere vivos siempre y en todo. Nos ha creado para el disfrute de la vida. Dios nos llama a salir de nuestros sepulcros para gozar con la frescura de la mañana de la resurrección.