Las enseñanzas de las primeras comunidades
José Antonio Serena González
En este segundo domingo de Pascua, en la primera lectura, la Palabra de Dios nos ilustra como vivían las primeras comunidades, nos dice: “ninguno pasaba necesidad”, esta afirmación nos debe de interpelar, sobre todo en este tiempo en que la pandemia nos ha revelado las necesidades que muchas personas están viviendo.
A continuación, comparto algunos puntos que nos servirán para movernos a la caridad y, haciendo referencia al domingo de la misericordia que celebramos, a ser misericordiosos como nuestro Padre.
Nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.
El apego a las cosas materiales es uno de los principales obstáculos que tenemos para poder compartir. Cuando caemos en la cuenta que todo lo que tenemos es pura gracia de Dios, entonces podemos comenzar a compartir. Hoy día existen 2 grandes realidades, por un lado, están los que tienen en abundancia y por otro los que no tienen ni siquiera lo necesario para vivir día a día. La primera actitud que nos enseñan las primeras comunidades cristianas es: No considerar nada nuestro y así poder compartir.
Ninguno pasaba necesidad.
Como decía al principio, debido a la pandemia hay muchas necesidades, tanto económicas como materiales, la segunda enseñanza de las primeras comunidades es detectar las necesidades de los hermanos y, en medida de lo posible, tratar de solucionar éstas. Un ejemplo claro se da en los super mercados, en específico en el área de cajas, por un lado, vemos a algunas familias con sus carritos llenos de despensa y por el otro observamos a muchas otras familias sumando cada artículo que comprarán y contando cada peso para poder adquirirlos, esta semana te invito a que si vas al super mercado y observas esta situación apoyes un poco a estas familias, tal vez no está en nuestra posibilidad comprar toda su despensa, pero si al menos uno o dos artículos.
Vendían, llevaban el dinero y se distribuía según las necesidades.
La tercera enseñanza de las primeras comunidades, de acuerdo a la primera lectura de este segundo domingo de Pascua es: vender, llevar el dinero y distribuirlo. ¿Cómo podemos hacer realidad esta tercera enseñanza? La lectura nos dice que vendían sus casas, sin embargo, consciente estoy que esto es muy difícil de acuerdo a la situación, pero también sé que todos tenemos en casa cosas que no necesitamos: ropa, zapatos, algún electrodoméstico, entre otros. Esto desde mi punto de vista nos da pauta a dos opciones:
Vender: Vender las cosas que no usamos y ese dinero usarlo para dar de comer a alguna familia que viva cerca de nuestra casa. Incluso muchas familias han adquirido deudas para poder solventar los gastos básicos y éstas han ido creciendo, pues ese dinero tal vez pueda servir para pagar o aminorar esa deuda.
Donar: Otra opción es donar esos enseres domésticos que no utilizamos. Basta salir a la calle y observar al indigente que necesita zapatos, a alguna señora que vende sus verduras en algún puesto ambulante y así donarle algo de ropa o alguna otra cosa que le pueda servir.
Como podemos darnos cuenta existen muchas necesidades en nuestra sociedad. Ojalá que todos los que leemos este semanario podamos llevar a la práctica alguna de estas enseñanzas y juntos volvamos a ser una verdadera comunidad cristiana.