Arquidiócesis de Xalapa

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Defendamos la vida y la dignidad humana

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Gloria Dávila Galicia 

Existen tres divisiones al respecto en nuestra sociedad, quienes manifiestamente se encuentran en contra del aborto y velan por la santidad de la vida; los que están a favor de la despenalización y encuentran su fundamento en el hecho de que es un problema de salud pública que afecta a las mujeres y en el tercer grupo las posiciones intermedias los que no están ni a favor ni en contra.

La apreciación de un cristiano no puede limitarse al horizonte de la vida en este mundo; él sabe que en la vida presente se prepara otra, y el respecto irrestricto a la voluntad de Dios es fundamental.

Desde cualquier punto de vista, el aborto es un hecho lamentable, porque significa una frustración a la expectativa de vida, no agrada a nadie y constituye un problema emocional para la mujer convirtiéndose en una de las principales causas del Trastorno por Estrés Postraumático.

La experiencia del aborto tendrá efectos diferentes según las características de personalidad de la mujer, pero está demostrado que las mujeres tienen reacciones físicas, psicológicas, emocionales y relacionales.

La afección corporal puede ir desde el malestar general, vómitos, mareos, desorden hormonal, desorientación o caos mental.

Psicológicamente la mujer puede transitar por la ambivalencia de sentirse aliviada y al mismo tiempo experimentar un sufrimiento agudo que le puede llevar a la depresión o ansiedad.

Emocionalmente pueden sentir, soledad, pena, tristeza, culpabilidad, pensamientos relacionados al posible hijo que no tuvieron.

A pesar de que los sentimientos negativos se reportan como la vivencia de un duelo, los afectados se retiran de su entorno social, porque se piensa que al no haber conocido al hijo no se tiene el derecho a sufrir un duelo.

Como podemos observar, los afectados sufren sentimientos profundos de culpa y precisan de nuestra compasión, empatía, paciencia, comprensión y comunicación.

El aborto no es un problema de conciencia individual, pues nos afecta a todos, el ejemplo de nuestra propia vida nos debe alentar a defender la vida y la dignidad humana en todos los periodos de su existencia.

Los esfuerzos sociales deben encaminarse a conseguir un mundo justo, sin agresión a los menores, en el que los niños sean queridos, esperados con alegría, tengan seguridad y el mínimo de condiciones necesarias para crecer y formarse como seres libres y felices.

Por lo tanto, el aborto es un mal que debe ser atendido socialmente si queremos que se extinga.