Arquidiócesis de Xalapa

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Mi voto es participación para el proyecto común

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Gonzalo Herrera Barreda 

El entusiasmo que se vive cuando se alcanza la meta buscada es algo que nos anima a seguir adelante. No cabe duda de que cada uno de nosotros va forjando su camino, la toma de decisiones son la responsabilidad personal y es con ello que escalamos la ruta que nos va tocando afrontar con la idea clara que se ha de buscar la ayuda en las circunstancias y en las personas que encontramos en nuestro camino. Esto lo hemos llamado proyecto. Y cuando este proyecto personal lo sabemos trabajar dentro de un proyecto común, que está más allá de uno, se va avanzando adecuadamente, sin embargo, hay muchas tentaciones que nos hacen no ver los proyectos comunes como relevantes y tratamos sólo de utilizarlos para lograr el personal.

La conveniencia llega a convencernos que todos asumimos el papel de trabajar sólo por el proyecto personal y utilizar el común ¿es así? ¿Todos somos tan egoístas como para hacer a un lado el objetivo de una organización, institución o grupo? Yo estoy convencido que, sin negar que hay actitudes egoístas, sí hay personas convencidas que el bien de una organización, institución o grupo al que se pertenece, merece tanta atención al grado de tener que subordinar el proyecto personal a ese fin común. La política es la acción que dentro de una comunidad se asume para alcanzar el bien de la comunidad misma; esa es la gran razón de la política. Sin embargo, las campañas políticas dentro de una democracia se siguen dando; la razón: se requiere que la sociedad participe, porque la naturaleza de la convivencia dentro de la sociedad es buscar juntos los objetivos que requerimos; la elección de autoridades que sean los responsables de conducir a la sociedad a sus objetivos es necesario.

Pero, sigue el tema de los egoístas que han llegado a aparecer y nos han hecho creer que todo es asunto de proyectos personales. Lo que más bien se ha dado es que hemos dejado que los que tienen proyectos personales actúen sobre los proyectos comunes. Nos hemos cruzado de brazos y hemos tomado actitudes que resultan poco lógicas: ¿para qué participar si no toman en cuenta nuestro voto? ¿para qué ilusionarse si el que gana se olvida de lo que “prometió”? Las actitudes egoístas se han mantenido porque nuestra falta de participación se ha hecho constante. Lo adecuado es participar y empujar para que los proyectos que requerimos en la sociedad se consigan; es exigir al que gana las elecciones para que trabaje por lo que requiere la sociedad; porque mantenga sus oficinas abiertas ante la exigencia ciudadana ante la labor que debe hacer.

Convencido, voy a ejercer mi voto; y mi intención es apoyar las propuestas que defiendan la vida; ganen estas u otras, mi convencimiento es claro, debo seguir participando, exigiendo que efectivamente sean servidores públicos; que estén prestos a responder durante los tres o cuatro años de su gestión, no importando si no voté por él, pero sabiendo que ambos coincidimos en buscar la mejora de nuestra sociedad. Nuestro proyecto personal deberíamos encaminarlo hacia un proyecto común.