Todos tenemos que dar cuentas
Lila Ortega Trápaga
«Pues todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir cada uno lo que ha merecido en la vida presente por sus obras buenas o malas.» 2 Cor 5, 10
Un señor, que peleaba constantemente con su vecino sobre la existencia de Dios: "Mire amigo, si yo creo en Dios y cumplo sus mandamientos, y cuando me muera resulta que no existe el Creador, no habré perdido nada, porque habré pasado por este mundo sembrando lo bueno. Pero donde exista y yo viva como si no existiera, atropellando todo, pensando que lo único que importa es tener placer, poder y dinero, cuando me muera me espera el infierno para toda la eternidad." La anécdota puede parecer exagerada, pero no lo es.
Sucede que de pronto nos topamos con la enfermedad, un accidente o una pandemia que nos arrebata seres queridos, y pensamos en la muerte, y con ese paso, nos viene un examen de conciencia profundo del que la gran mayoría no sale bien librado, aún cuando la justificación abunde. El pecado nos adormece, porque el demonio nos nubla la mente, nos confunde y nos hace creer que no hay mañana, que podemos avanzar arrebatando si es necesario para tener lo que se nos antoja, pisando la dignidad de las personas, engañándolas para quitarles su dinero, sus propiedades. Y el engaño más grande: la conciencia dormida nos dice que eso es ser exitoso, que la marca de ropa, de auto o de teléfono nos dan status, que la cuenta en el banco nos da dignidad, que la corrupción, la infidelidad, el abuso de los empleados y el menosprecio por los que consideramos menos inteligentes que nosotros, nos hacen superiores.
La conciencia nos va a taladrar un día, nos va a presentar de frente toda la miseria que hemos acumulado ya sea cometiendo o permitiendo el pecado. Y es que nos aplica a todos el pesar de la destrucción de la humanidad, y de la única casa que tenemos. La economía, la política, la educación, la salud y la ecología, son las áreas de las que nos tenemos que ocupar todos, TODOS, sin excepción alguna, sin justificación de modas, ideas, colores e influencias. Y nuestra conciencia, si no la encontramos nosotros hoy, y nos ponemos a componer lo que tenemos que componer, para devolver lo que no nos correspondía, y enmendamos el mal que hemos hecho, nos encontrará al final de nuestra vida y no nos dará oportunidad de resarcir las faltas.
Oremos, por nosotros, porque nuestra conciencia se despierte y nos enmiende frente al Señor, y porque los que nos rodean le conozcan, y todos, gobernantes, médicos, maestros, empresarios, familia y amigos, hasta los que nos venden lo mínimo, y juntos conozcamos que lo verdaderamente importante es vivir en paz, felices, haciendo felices a quienes nos rodean.