Arquidiócesis de Xalapa

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Consagrados para la misión evangelizadora de la Iglesia

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Queridos hijos y hermanos:

Como todos lo hemos experimentado en carne propia, las bendiciones de Dios continúan en favor nuestro con una bondad indescriptible. Permítanme decirles que me siento verdaderamente agradecido ante la ordenación de diez nuevos presbíteros el día de hoy, para el servicio en esta Iglesia que peregrina en Xalapa. Ellos, como cada presbítero, se han ordenado para el encargo salvífico de la Iglesia. ¡Son portadores del Evangelio de la Salvación!, esa es su misión.

Este no es un acontecimiento menor, tampoco es un hecho más en la vida de la comunidad. Se trata de la respuesta directa y clara de Dios a este pueblo que todos los días le pide al Dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos (cfr. Lc 10,2). Dios siempre escucha nuestra oración y todo lo que hace es para nuestro bien. Es el modo clarísimo en que Dios nos ha mostrado su amor y su ternura.

Durante años, Gustavo, Mario, Daniel, Uriel, Andrés, Israel, Leonardo, Luis, Rafael y Carlos se han formado para poder ser verdaderos discípulos del Señor, y su configuración con el buen Pastor nos hace encontrar en ellos unos amigos de Jesús que están dispuestos, por completo, a servir desde su diocesaneidad a esta porción del pueblo de Dios al que pertenecemos. Sigamos orando para que ellos, junto con todos nuestros sacerdotes sean cada vez más conscientes de la sublimidad y belleza de su vocación y de la importancia de su ministerio.

Los sacerdotes actúan en nombre de Cristo y deben esforzarse por devenir semejantes a Él, para que puedan representarlo (Don de la Vocación, pág. 13). Por eso, mi sincera gratitud a todas las personas que han colaborado, con todas sus energías, en su formación inicial. Desde luego a su familia, Iglesia doméstica y sacramento del amor de Dios. Cada familia tiene su historia, sus luchas y alegrías, sus problemas y sueños. Estas familias de comunidades tan diversas han entregado con total generosidad a sus hijos para que se integren en una familia mayor. Me siento muy agradecido con sus padres y hermanos, con sus familiares y sus comunidades de origen por su espléndida magnificencia. Nos han entregado de lo mejor que ellos tienen.

Por supuesto que es menester agradecer a los sacerdotes formadores del Seminario y a los sacerdotes de diferentes parroquias y apostolados que los han acompañado en su discernimiento, que les ayudaron a dar los pasos firmes para la consagración sacerdotal ministerial.

Mi reconocimiento a las comunidades que los han acogido durante el tiempo del diaconado y otros momentos de formación. Cada comunidad de creyentes, cada consejo parroquial, personas de rostros concretos, enfermos que han visitado, esposos que han casado, niños que han bautizado, jóvenes que han acompañado han moldeado y seguirán forjando el corazón de pastores en nuestros sacerdotes.

Jesús es la vid y nosotros sólo somos los sarmientos (cfr. Jn 15,5), esta vocación, como todas las demás, sólo se puede vivir muy unidos al Señor. No hay otra manera de vivirla. Este vínculo específico lo ofrece la ordenación sacerdotal, por medio de la que quedamos unidos con Cristo Sumo sacerdote y Buen pastor (Pastores dabo vobis, 15). El Buen pastor que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre y da la vida por ellas (cfr. Jn 10, 14-15). Por eso, hemos de permanecer con el Señor en sus pruebas, como discípulos en el dolor, tomando la Cruz y siguiendo al Señor (cfr. Mc 8,34), hasta la plenitud de la vida en la resurrección. Esta centralidad de Cristo será realizada en cada sacramento, gesto y presencia de nuestros sacerdotes.

La primera Eucaristía la celebrarán en el Seminario, en unión de sus formadores, sus compañeros seminaristas y sus familias. Y en los próximos once días recorrerán sus parroquias de origen para celebrar el Sacramento del Amor y la Unidad con todos ustedes.

Querido pueblo de Dios, que nuestra alegría y cántico de agradecimiento en cada “canta misa” continué haciendo crecer en cada uno de nosotros la oración, el amor y el apoyo a nuestro Seminario, a la pastoral vocacional y presbiteral con el ánimo ardiente que caracterizó a San Rafael Guízar y Valencia.

Que María, madre de Jesucristo y madre nuestra nos siga guiando en nuestra vocación para que cuidemos y alentemos cada respuesta juvenil al llamado de Cristo: ¡Ven y sígueme!

“Con María, todos discípulos misioneros de Jesucristo”

Xalapa de la Inmaculada, Ver., 12 de enero de 2023

+ Jorge Carlos Patrón Wong,
Arzobispo de Xalapa