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Dos mujeres de valor

Pbro. Darío Lagunes Máfara

Escoltemos a la Virgen María en su caminar apresurado a la región montañosa, a una ciudad de Judá, hoy día perfectamente identificada con Ain Karim (Fuente del Viñedo), 6 kilómetros. al Oeste de Jerusalén.

En la narración del evangelio según san Lucas, después de que María dijo: «He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra» (1, 38). Ella caminó en dirección ininterrumpida a la casa de Zacarías y saludó a Isabel, quien esperaba en la puerta como toda persona que aguarda la visita del gozo divino: «¿Quién soy yo, para que la madre mi Señor venga a verme?».

Les pido que nos detengamos con María e Isabel en ese saludo. Vamos a observar todo el panorama en que se desenvuelve el proyecto divino. El saludo no se agota al verse una a la otra, sino que se da en un encuentro caluroso, de bendición compartida entre ellas. Fueron elegidas por Dios y quedaron incluidas en su proyecto de salvación.

No descartemos que para Dios nada impide manifestar su amor redentor en favor de la humanidad. Isabel, mujer grande de edad y además estéril, lleva en su vientre al niño que en el momento del saludo «saltó de gozo en su seno» (1,41). El encuentro abrió maravillas que relampaguearon colores y aromas nuevos por todas partes. El futuro Juan ya se ponía a la orden de su misión. Sobre su espalda quedó todo el Antiguo Testamento. Le correspondió a él culminar la preparación, la cerró con broche de oro que quedó testimoniado sobre charola de plata. María, por su parte, es mujer joven, fuerte y segura en Dios para llevar a su término el dar a luz al que es la Luz. Ella es bendita entre las mujeres y bendito es el fruto de su seno, según el reconocimiento de su prima Isabel.

Todo el acontecimiento de la Visitación resulta ilustre y trascendental para hombres y mujeres. Ahora innovemos en un ejercicio de reflexión. Surquemos la línea de la historia de nuestro tiempo. ¿Cuál es la realidad que nos envuelve? La búsqueda de sentido: existencialismo, multitudes consideran tener poco espacio para ellos y quieren sacar a Dios de su vida, libertinaje sexual, amenazas de destrucción del planeta, enfermedades, capitalismo, poblaciones marginadas, personas excluidas de lo justo y necesario para una vida digna, siniestra globalización, modelos de familia, ideología de género, diversas interpretaciones de libertad, aborto y eutanasia, lucha a muerte por el poder, la fama y el dinero, una sociedad dividida por instituciones sociales, políticas que buscan su propio provecho… Así arde nuestro planeta, así se quema dejando en cenizas la vida.

¿Dónde encontramos mujeres valientes, que se alegren por llevar vida en su vientre? Vida como la tuya, como la mía. Sólo ellas son elegidas para dar a luz hijos que son de Dios. El aborto y la falta de sentido por vivir no es problema sólo de jóvenes, inexpertos e imprudentes en sus diversiones, caprichos, adicciones, apetitos y urgencias de placer genital, sino también de papás irresponsables y complacientes. Más aun, cooperan para esta desgracia, quienes desde foros políticos y sociales promueven la interrupción de la vida, encubriéndose en ideologías que sólo buscan poder.

 

 

 

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