Laura Fernández Medina Martha vivÃa en Betania, pequeña población que se encontraba a unos 4 kilómetros de Jerusalén, en las cercanÃas del Monte de los Olivos. Cuando Jesús visitaba Jerusalén acostumbraba hospedarse en la casa de Martha, hermana de MarÃa y Lázaro. Martha siempre se esforzó en servirle lo mejor que podÃa, lo atendÃa y cubrÃa los quehaceres de su casa. En una ocasión, estando Jesús en casa de Martha, ésta le pidió que le dijera a su hermana MarÃa que le ayudara en las labores domésticas, a lo que Jesús le respondió «Martha, Martha, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. MarÃa ha elegido la parte buena, que no le será quitada» (Lc 10, 41-42).
Jesús se referÃa a que Martha pasaba mucho tiempo afanada en los quehaceres del hogar, pero muy poco en los quehaceres de su alma. Para Jesús sólo una cosa es necesaria: amarlo y hacer su voluntad, servirlo y no al mundo material.
Como Martha, elijamos como prioridad servir a Jesús. Muchas veces, el servicio a nuestra familia, padres, hermanos, tÃos, amigos, a nuestra parroquia… inicia con buena intención; sin embargo, corremos siempre el riesgo de caer en el egoÃsmo y entonces servimos a nuestros hermanos y a Dios pero con el afán de sobresalir, de ser protagonistas, de competir y de llevarnos los aplausos logrando el reconocimiento de los humanos, pero no el de Dios, que es el importante.
Jesús enseña a Martha a no compararse con nadie y, sobre todo, a servir con amor y humildad; esto es, a servir primero a Dios. Martha comprendió que tanto las labores del hogar como la oración tienen su momento y su propia importancia.
Cada vez que iniciemos una labor, hagamos oración, agradeciendo las capacidades que tenemos para realizarla y la oportunidad de ayudar a otros mediante nuestras acciones. Lo más importante es tomar como prioridad la labor de orar.
Escuchenos en vivo a través de Xalapa Inmaculada Radio.



