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¿Ángeles o demonios?

Teófilo Aguilar

Algunos libros proponen una invocación a un ángel para hablar con él, mediante un ritual esotérico. En muchas tiendas se vende angelitos de todo tipo de materiales y con nombres extraños.

Hay libros y hasta cursos para invocar a los ángeles. Sin embargo, la Iglesia nos advierte que todo esto puede no ser de Dios. Los ángeles de Dios no están para responder a los deseos de los hombres. Como nos indica san Pablo: «En realidad son falsos apóstoles, engañadores disfrazados de apóstoles de Cristo. Y esto no es maravilla, pues el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Cor 11, 13-14).
Según el Catecismo de la Iglesia Católica (Cat IC), la existencia de los ángeles es de fe, fueron creados por Dios como espíritus puros para obedecer solamente la voluntad divina y para servicio de Jesucristo, como mensajeros entre Él y los hombres. Al terminar las tentaciones en el desierto, «lo dejó el diablo y acercándose los ángeles se pusieron a servirlo» (Mt 4, 11).

Sí, pueden ayudar al hombre, pero de ninguna manera para atender sus caprichos Encontramos en Tobías un ejemplo de cómo pueden ayudar al hombre. Ahí el arcángel Rafael aclara: «Sepan entonces que cuando tu y Sara rezaban, yo presentaba tus oraciones al Señor. Cuando enterrabas a los muertos, yo estaba junto a ti» (Tob 12, 12-13).
Los demonios, como ángeles caídos, son seres espirituales con todos sus poderes, con excepción de la gracia sobrenatural que perdieron con su caída al oponerse a Dios y, por tanto, son una amenaza real, ya que «vagan por el mundo para la perdición de las almas» (Cat IC 394).

Y en la actualidad lo siguen intentando. Los llamados ángeles y toda la New Age hacen creer al hombre que es «todopoderoso», que puede lograr riqueza, salud y amor a voluntad, que responden a invocaciones y que incluso contestan por radio o cualquier otro medio.

Esto ha equivocado el verdadero sentido de los ángeles y es parte de la New Age como la astrología, la creencia en la reencarnación, el eneagrama, la cartomancia, el tarot, etcétera. Es otra forma del engaño antiguo. «De ninguna manera morirán -dijo el maligno- el día en que coman de él serán como dioses» (Gén 3, 5).

El hombre moderno materialista, súper científico, ciego a lo místico en el fondo tiene sed de lo espiritual trascendente. Por esto cae en lo pseudoespiritual de la New Age y en el mito de los supuestos ángeles. Así, resultan valiosas las recomendaciones de la Iglesia.

El arzobispo Norberto Rivera Carrera, en Un llamado a la vigilancia, instrucción pastoral sobre la New Age, exhorta: «Que los fieles descubran que todo lo que anhelan en la vida espiritual, la salud interna, el perdón y la reconciliación, se encuentran sin duda en el misterio del plan de salvación del verdadero Dios y que están presentes sin comparación en la fe católica en la que fueron iniciados en el Bautismo».

 


 

 

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