Ángel Rafael Martínez Alarcón
Recuerdo que mi primera oración aprendida en el seno materno fue: «Santo Ángel de mi guarda, mi dulce compañía…».
Como niño, imaginaba siempre su constante compañía. Hoy resulta que se ha puesto de moda toda la corte celestial de los ángeles.
El imaginario colectivo registra el 29 de septiembre como la fiesta del arcángel Miguel, el mismo que combate al Demonio, dejando en el olvido que oficialmente la santa Iglesia Católica Apostólica y Romana para dicha fecha recuerda también al arcángel Gabriel, el que anunció a María su maternidad divina. El arcángel Rafael, el sanador.
Los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael celebran el mismo día su fiesta litúrgica. Ambos personajes son bíblicos y tuvieron una función muy específica en la historia de la salvación.
San Gregorio Magno, papa entre los años de 590 a 604, explica claramente que el nombre de «ángel» designa no el ser sino la función del que lo lleva. En efecto, aquellos santos espíritus de la patria celestial son siempre espíritus, pero no siempre pueden ser llamados ángeles, ya que solamente lo son cuando ejercen su oficio de mensajeros, y los que anuncian cosas más transcendentales son designados arcángeles.
Las únicas referencias al arcángel Rafael están escritas en el Antiguo Testamento, en el pequeño libro de Tobías, que consta de sólo 14 capítulos. Comenta san Gregorio Magno que Rafael significa «Medicina de Dios» por haber curado al Tobías y Sara.
En el libro de Tobías el mismo arcángel se presenta: «Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio de Dios. Mi presencia entre vosotros no se ha debido a mí, sino a la voluntad de Dios. A Él debéis bendecir y cantar todos los días. Yo subo ahora al que me envió. Vosotros bendecid a Dios y narrad todas sus maravillas» (Tb 12, 15. 18. 20).
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