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Juan Bosco Arellano
Nuestros padres se acostum- braron por mucho tiempo a poner a sus hijos el nombre que aparecÃa en el calendario. Si nacÃa el 16 de julio y era niña se llamarÃa Carmen; si el 12 de diciembre, Lupita o José Guadalupe, según el caso; Antonio para los del 13 de junio y hasta Procopio para quien viera la luz el 8 de julio.
Esta tradición ha tenido opositores, porque imagÃnese si sus padres lo trajeron al mundo el 31 de agosto y le pusieron Ramón Nonato o le dejaron para siempre en su acta el nombre de OnesÃforo, porque la alegrÃa al hogar llegó el 6 de septiembre.
Tengo una amiga que se llama Irmgarda, porque sus padres vieron en el calendario santa Irmgarda de Süchteln y nadie les dijo que ese nombre alemán puede traducirse por Irma, en castellano.
Un amigo, que nació el 29 de septiembre, siempre se ha mostrado orgulloso de llamarse «Miguel».
«No es para menos» me dijo un dÃa que le pregunté.
«El arcángel Miguel es el que expulsó al demonio del paraÃso. Su nombre en hebreo significa: ‘¿Quién como Dios?’, ‘¿Quién es más grande que Dios?’».
— ¿Y qué más te gusta del Arcángel?
— Mira, a Miguel lo rige el domingo, el Sol, la abundancia, el dinero, la iluminación espiritual, el poder mental. Sus colores son amarillo y dorado. Por eso siempre me verás con algún motivo de ese color en mi ropa. Al Arcángel le gustan los inciensos y el copal y sus plantas son el laurel, el muérdago, la manzanilla y la flor de girasol o crisantemo amarillo. Las piedras que atraen su poder son el peridoto, el sardonyx, el rubÃ, el diamante, la citrina, el ojo de tigre, el ámbar y el topacio. Su elemento es el fuego, su metal es el oro y su signo es leo.
— Oye, pero esos atributos son más bien de las doctrinas mágico-esotéricas.
— Pues no sé, pero mira yo lo invoco todos los dÃas.
— ¿Para que te proteja del mal, del poder de Satanás?
— No, para que me dé suerte. Para la protección del mal traigo una cadenita con la Santa Muerte. A san Miguel lo invoco para que me dé suerte, para que me ayude a triunfar, para que me acerque al poder. De veras que es efectivo si quieres tener dinero y vivir en la abundancia.
— Pero yo tengo entendido que san Miguel Arcángel más bien te ayuda a vencer las tentaciones del enemigo, del maligno que nos acecha.
— Pues igual y sÃ, pero a mà me sirve como un talismán para acercarme al brillo del sol y del triunfo.
La conversación terminó. No le dije nada. En silencio llegué a casa y busqué en el devocionario una oración a san Miguel para pedirle que ayude a este amigo con sus extraviadas ideas.
AsÃ, en silencio, recé: «San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh PrÃncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espÃritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén».
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