Laura Fernández Medina
Cuando yo era niña, todas las mañanas le pedía a mi ángel de la guarda que me acompañara en todo momento, sobre todo cuando estaba en la escuela lejos de mis papás.
Al paso de los años crecí, pero jamás me olvidé de pedirle a mi ángel guardián que en las situaciones de peligro siempre me proteja. Ahora todas las mañanas, al darle gracias a Dios por nuevo día, junto mis manos con las de mi hijo para que él le pida también a su ángel de la guarda que no lo desampare. Así muy contento, va a la escuela, come, hace su tarea, juega, platica y se acuesta a dormir, no sin antes dar las gracias a su angelito por cuidarlo durante el día y le pide que en la noche no se separe de él.
De niños nos enseñaron a pedir la protección de nuestro ángel de la guarda y el crecer no significa que ya no lo necesitemos; al contrario, como niños inocentes no conocemos la maldad, pero como adultos estamos más propensos en caer en las tentaciones del pecado. Pedirle a nuestro ángel guardián que nos cuide no es únicamente pedirle que no suframos accidentes o que tengamos salud; es pedirle que nos guarde del pecado, de la malicia, la codicia, de todo aquello que ha hecho de nuestro mundo un lugar de desesperación espiritual, es pedirle que nos guarde de no perder la fe en Jesucristo.
Así como en las caricaturas cuando un personaje está en duda de cómo actuar ante una situación y aparece de un lado el ángel bueno y del otro el ángel malvado hablándole al oído, así nos ocurre a nosotros. En algunos momentos de nuestra vida somos tentados por el mal, por lo que no se trata, como en las caricaturas, de hacerle caso a uno o al otro, sino pensar con fe y valorar las palabras que vamos a decir, los actos que realizaríamos y sus consecuencias, para así no caer en el pecado. Al invocar la protección de nuestro ángel guardián, tenemos como un escudo ante el maligno. No es, por tanto, devoción únicamente de los niños, sino que es devoción de todo cristiano.
Como nosotros festejamos nuestro cumpleaños, también debemos festejar a nuestro ángel guardián. Este 2 de octubre la Iglesia celebra el día de los santos Ángeles Custodios y, como todo tenemos a uno, festejésmoslos agradeciendo su protección. Como niños, agradezcamos su dulce compañía. Como adultos, agradezcamos su protección y, como cristianos, demos gracias a Dios por la existencia de nuestro ángel de la guarda.
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