Por: Artemio DomÃnguez Ruiz
Las intenciones lo cambian todo. No es lo mismo desnudarse para posar en una revista especializada, con fines lucrativos, o por puro placer, que quitarse todo,
hasta la ropa, por un ideal que sobrepasa todo anhelo humano y que, además, es capaz de llenar, en su profundidad, la sequedad del alma.
San Francisco de AsÃs, evidentemente, lo hizo por la segunda noble razón. De otro modo, un chaparro, enclenque ¿qué podrÃa enseñar? Sin embargo, este singular personaje a la Iglesia reformó.
¡Qué puntadas las de los santos! Nadie sabe exactamente si es radicalidad o simplemente locura. SÃ, están locos. Su manera de vivir no es normal. ¿Todos somos «hermanos»? Peor aun, ¿el «hermano sol»?, ¿la «hermana luna»? Esto no se puede entender con la razón. Nos lo dice la fe.
Pero, si de cordura se tratara, ¿no hay gente anormal para muchos por su manera de ser, de vestir o de actuar? ¿No se crucifica hoy a los emos, punks, darquetos y demás? ¿No dicen que las modas de hoy son cosas espantosas? ¡San Francisco, en su tiempo, impuso moda! Se rapó la coronilla. Se quitó las vestiduras de la alta nobleza y se enfundó en un maltrecho harapo. Se salió de su casa y se fue a reconstruir el pequeño templo de san Damián. Y, por si fuera poco, muchos lo siguieron ¿Era el hippie de su tiempo?
La historia se puede leer de diferente manera. Si se toman los hechos desgajados de su contexto se pueden obtener conclusiones como éstas. Pero ¿qué es lo que causa la diferencia? Los creyentes dirán que la fe. Y los no creyentes, con su vida, lo reafirmarán. Cada quien tiene fe, al menos en un ideal. Por lo tanto, éste se convierte en el motor que da marcha a la propia vida y la llena de sentido.
Entonces, cambia la pregunta. ¿Es el ideal capaz de orientar la vida para darle plenitud? El santo de AsÃs dirá: «SÃ, Dios es mi ideal, Él se ha convertido en mi fundamento». ¡Ésa es la razón! Si habla con el viento y con el sol, no es porque esté loco o «tocado» por haber fumado alguna hierba, sino porque tiene la sencillez de adorar a Dios a través de sus creaturas. Si toma los andrajos de mendigo no es por imponer una moda, sino por dejarlo todo y asà ser más libre para seguir a su Señor. Si se rapó la coronilla no es por inventar un nuevo look para pertenecer a una banda, más bien es un signo que le recuerda la vivencia de la castidad.
Tal vez estos actos de la vida de san Francisco coincidan con las modas de la juventud, pero quién sabe si correspondan a la misma intención con que él los realizaba. Lo que sà es bueno recordar es la sencillez con la que vivió el de AsÃs. Él no se complicaba tanto la existencia. AsÃ, nos dejó un testimonio de entrega, de libertad y de profunda paz.
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