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Negocios o Evangelio

Teófilo Aguilar

Luquesio y Bonadonna, primeros beatos terciarios franciscanos: Luquesio, si bien católico de nacimiento, experimentó la opulencia pero, llegado el momento, hizo otra opción. Nació en Gaggiano, Italia, en plena Edad Media. Sus padres lo formaron como cristiano de misa dominical, pero no le inculcaron ninguna práctica de caridad.


Joven ambicioso, se hizo emprendedor hombre de negocios. Su meta era ser rico y públicamente importante. Entonces casó con Bonadonna, quien deseaba lo mismo. Después de un gran fracaso, marcharon a Poggibonsi (Siena) y se dedicaron intensamente al comercio. Practicó la «moral comercial», donde lo más importante es el beneficio personal, sin importar el bien de los demás, con lo que recuperó su holgura económica. Se dedicó a especular y a enriquecerse fácilmente. Se hizo «nuevo rico» y se procuró el lujo, el placer y la licencia sin medida.

Si bien iban a misa y comulgaban una vez al año, se fueron alejando cada vez más de Dios y ensordecieron totalmente su conciencia.

Luquesio entró de lleno en la gran especulación, pero el costo social era muy alto, pues dejaba decenas de campesinos empobrecidos. Su lema era: «No mezcles la caridad con los negocios». Así ganó enormes sumas estafando e incluso asesinando a campesinos. Y se hizo avaro.

Un campesino, arruinado por él, le gritó: «Luquesio, asesino, un día entregarás cuentas a Dios». Esto le tocó la conciencia y empezó a sentirse infeliz.

Conoció entonces a Francisco de Asís, que predicaba la pobreza. Luquesio, llorando, le confesó sus injusticias con sumo arrepentimiento. Francisco le dijo: «Es difícil ser rico con dinero ganado honestamente, pero es mucho más difícil vivir con bienes mal adquiridos. Hay que restituir».

Luquesio asumió el compromiso y restituyó. Empezó a alimentar a los hambrientos, con serias oposiciones de su mujer, quien no entendía el cambio. Un día, Luquesio vació la alacena y la entregó a los pobres. Su mujer lo insultó, pero al regresar a la alacena la encontró repleta de víveres.

Entonces, ya identificados en el mensaje de pobreza y sencillez, le preguntaron a san Francisco cómo podían ellos, casados y con hijos, seguir el camino del Evangelio y le piden tener una regla. Francisco estaba por constituir la Tercera Orden Franciscana.

A partir de entonces albergaron a los pobres en su casa y se dedicaron a la caridad heroica. Vivían de pan y espinacas, dormían en el suelo y entregaron toda su herencia a los pobres.

Luquesio y Bonadonna son los dos primeros terciarios franciscanos y los primeros en alcanzar la gloria del altar. Inocencio XII, en 1694, concedió oficio y misa para recordarlos.

 

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