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San Lucas evangelista, el patrono de médicos

Teófilo Aguilar

Lucas nació en Antioquia y fue médico. San Pablo, lo llama «el médico querido» (Col 4, 14). Hombre culto, hablaba griego, latín y arameo. Y además alcanzó elevado conocimiento de la cultura judía.

Si bien no conoció personalmente a Jesús, fue debido a sus conversaciones con los contemporáneos de Él, que pudo escribir su evangelio, considerado el más completo de los cuatro. Y debido a sus conversaciones directas con la Virgen María, es el único que refiere detalles de la infancia de Jesús.

Se dice que el suyo es el evangelio de la Misericordia, ya que es el único que menciona las parábolas del hijo pródigo, la dracma perdida y el buen samaritano. A diferencia de Mateo, que escribió para los judíos enfatizando que en Jesús se cumplían las profecías del Antiguo Testamento, escribe para los gentiles como él y, de hecho, para todos nosotros enfatizando la universalidad de la redención. Es considerado historiador acucioso que investigó a fondo, siendo además genuino, exacto y ordenado.

Escribió también Los Hechos de los Apóstoles, donde nos narra el proceso de formación de las primeras comunidades cristianas.

Se representa a san Lucas con la figura de un toro porque su evangelio comienza con el sacrifico ofrecido por Zacarías, el sacerdote, padre de san Juan Bautista. San Jerónimo cree que es muy probable que san Lucas sea el «hermano que se ganó el aprecio de todas las iglesias en la labor del evangelio» del que habla san Pablo (2 Cor 8, 18).

Nicéforo, Calixto y Basilio II lo consideran autor del retrato de la Virgen que se encuentra en el templo de Santa María la Mayor, en Roma, mismo que se dice encontró la emperatriz Eudoxia en Jerusalén y que envió posteriormente a Constantinopla.

Compañero inseparable de san Pablo en sus viajes, evangelizó con él Europa. Se afirma que murió a la edad de 74 años.

Para muchos comentaristas, el motivo central de su evangelio es el aspecto social de la Buena Nueva. Hay quien afirma que deberíamos imitar a la santísima Virgen en su compromiso con el pobre: sólo después de visitar a su prima santa Isabel, viviendo y compartiendo con ella su situación de necesidad, pudo proclamar el Magnificat. Pronunciar este himno desde una posición desahogada lo desvaloriza, lo hace incongruente, esteriliza y nulifica cualquier denuncia de las injusticias.

 


 

 

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