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Inicio Bioética Nuestro hijo tiene daños, pero no es un daño
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Nuestro hijo tiene daños, pero no es un daño

José Ángel  Torres Robles

En una decisión que deja prácticamente sin protección jurídica a los bebés antes del nacimiento y que refleja hasta qué punto la cultura de la muerte ha permeado el mundo occidental, la Corte Suprema de Austria aprobó hace unas semanas la reforma mediante la cual declara lícito el aborto hasta el nacimiento del bebé con «severa discapacidad».


Estamos ante un caso más de la «inversión de valores»: lo secundario se antepone a lo esencial. O en palabras de Aristóteles, el accidente predomina sobre la esencia. Es decir, lo «esencial» de la persona humana es su dignidad que le viene por el simple hecho de ser persona, independientemente de los «accidentes»: raza, religión, enfermedades, idioma, clase social, posición económica, etcétera. La esencia es lo inherente al ser, sin la cual no sería lo que es.


Lo paradójico es que, en una época en que la ciencia ha avanzado tanto y en un primer mundo en el que sobran recursos para destinarlos –como en el tema que nos ocupa- a la cura de enfermedades, se opte por la salida fácil: eliminar a la persona. Estamos en la antesala de toda una política eugenésica.

Interpretación relativista

Además de lo anteriormente expuesto, esta ley tiene una agravante más: la interpretación subjetiva y relativista de la misma. ¿Quiénes van a decidir si el bebé tiene o no una «severa discapacidad»? Personal médico y jueces. ¿Sobre qué criterios objetivos van a basarse si, gracias al constante avance la ciencia, lo que hoy es aparentemente severo mañana ya no lo será? En otras palabras, lo que para algunos es severo, para otros no lo es. Lo que hoy se considera una discapacidad, mañana puedo no serlo ya.

La valentía de los padres de familia

Por ello resulta altamente gratificante y digna de imitación la actitud de  Sabine y Andreas Karg, papás de Emil Karg, quien nacerá en aproximadamente tres semanas.
Le ha sido detectada una malformación conocida como «espalda abierta» y las leyes austriacas lo han declarado como un «daño total». Sus padres, sin embargo, han declarado que su hijo «tiene un daño, pero él no es un daño». Han hecho prevalecer la esencia a lo accidental: independientemente de la enfermedad que padezca, sigue siendo una persona y, como tal, nunca podrá ser considerado un daño.


Han anunciado en una conferencia de prensa, junto con el ginecólogo Peter Schwärzler y el abogado Paul Sutterlüty, que interpondrán una demanda contra la República Austriaca pidiendo el derecho de Emil al honor y cuidado de su dignidad como ser humano, así como a la no discriminación y la igualdad de trato a pesar de su discapacidad.
«Sólo queremos externar que un niño no puede ser un error. Vamos a recibir a Emil tal y como es» afirmaron ante los periodistas Sabine y Andreas.

 

 

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