Rafael A. Torres
Hemos visto en artÃculos anteriores que con la fecundación del óvulo por el espermatozoide inicia una nueva vida que no representa la continuidad biológica del padre ni de la madre. Esta discontinuidad no radica tanto en el simple hecho de que los padres transfieren sus genes como en un modo aleatorio, distinto que da lugar a un código genético singularizado e individual, a una persona diferente y diferencial.
También vimos que el programa individual de desarrollo del nuevo ser no gira únicamente alrededor de los 46 genes aportados a partes iguales por el padre y la madre. También influyen tanto una serie de moléculas presentes en el citoplasma como otras influencias hormonales procedentes de la madre y, finalmente, influencias ambientales. Este tipo de influencias es lo que se conoce como componente epigenético. Pues bien, todo esto que hemos resumido en este párrafo le llamamos individualidad genética.
También vimos que en cuanto el óvulo es fecundado por el espermatozoide se divide en dos células, sin que intervenga ni la madre, ni del padre, ni del médico. Esta división continuara prácticamente toda la vida del nuevo ser y le llamamos propiedad de coordinación.
Ahora vamos a analizar otra propiedad genética importante a la que llamaremos continuidad. El nuevo ser procedente de la unión del óvulo y del espermatozoide se comporta como si estuviera regido por un programa orientado a la evolución puntualmente definida de autoconstrucción de su cuerpo. Cuando la célula originaria se duplica en otra nueva célula, cada una tiene un destino perfectamente definido, es decir, cada una va a formar parte del corazón o de un ojo o de un pelo, etcétera. Como, antes de partir a tomar su lugar en el cuerpo, estas células se duplican, entonces ahora serán cuatro células, igualmente orientadas a formar parte del cuerpo o, incluso, de la placenta y asà sucesivamente. Podemos decir con toda propiedad que la caracterÃstica de continuidad del nuevo ser consiste en que la nueva persona, mediante la constitución de su código genético es capaz de autoconstruirse, autodesarrollarse y autoconservarse.
Otra caracterÃstica de la continuidad es que este proceso no puede detenerse pues si se detuviera la persona morirÃa. También tiene la caracterÃstica de poseer, en principio, la capacidad de dar origen a otro recién nacido.
Al respecto de continuidad, los filósofos dicen pomposamente que la vida tiene telos. Con esto quieren decir que la vida de un individuo desde recién concebido está dirigida desde un dinamismo interno que le conduce en una dirección y un sentido determinados. Ni siquiera podemos decir que es el cerebro el que rige esta autoconstrucción, pues para que se forme el cerebro hacen falta muchas divisiones celulares. Sin embargo, desde la primera división celular cada célula sabe lo que tiene que hacer. Cada célula sabe que tiene como fin la formación de tejidos y órganos. Asà el individuo va adquiriendo su forma definitiva.
Desde el inicio de la nueva vida del embrión unicelular se da una continua maduración y crecimiento que no se ve interrumpido en ningún momento, ya que si asà fuera el embrión morirÃa.
Si los filósofos llaman telos al hecho de que cada célula tiene una finalidad, en este caso la formación de tejidos y órganos, la ciencia de las operaciones digitales dirÃa que son células inteligentes. Y la teologÃa católica enseña que no existe la casualidad, que este programa que rige el proceso de continuidad es el alma, el aliento divino dando vida y ordenando a las células recién conformadas.
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