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Comunicación sin ética

P. Marcos Mendoza Méndez

Empiezo esta reflexión con la anécdota del triple filtro atribuida a Sócrates.

Un día un conocido se encontró al gran filósofo Sócrates y le preguntó:
- ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?
- Espera un minuto, replicó Sócrates. Antes de decirme algo quiero que pases un pequeño examen al que yo llamo el triple filtro.
- ¿El triple filtro?

- Correcto, continuó Sócrates. Antes de que me hables de mi amigo, el primer filtro por el que quiero que pases es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que me vas a decir es cierto?
- No, dijo el hombre. Realmente sólo lo escuché y…
- Bien, dijo Sócrates. Entonces, ¿realmente no sabes si es cierto o no? Ahora permíteme aplicarte el segundo filtro que es el de la bondad. ¿Es algo bueno lo que me vas a decir de mi amigo?
- No, por el contrario…
- Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro más, el filtro de la utilidad ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
- No, la verdad no.
- Bien, concluyó Sócrates. Si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e, incluso, no es útil, ¿para qué querría yo saberlo? Mejor no pierdas el tiempo conmigo.

No cabe duda que este relato es un ejemplo de lo que es comunicar sin ética. La comunicación en sí es algo bueno y necesario; pero cuando lo que se dice se desvirtúa, hacemos mucho daño a los demás y nuestras relaciones se debilitan en la manera de convivir y de vernos como hermanos, porque la imagen que nos hacemos de la información adulterada dice mucho más que mil palabras. La finalidad de la comunicación es para unirnos más por su información veraz, buena y útil. No en balde tenemos un mandamiento que nos prohíbe levantar falsos testimonios y decir mentiras, porque eso sólo nos destruye.

Solamente aquel que no es nuestro amigo puede permitirse hablar de la situación de alguien de lo que no está seguro, de lo que no es bueno y de lo que no es útil. Sólo nuestros enemigos nos pueden apuñalar por la espalda y no tanto porque les demos oportunidad para hacerlo, sino porque ellos tienen el poder para hacerlo. A final de cuentas, los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz.

En lo personal, no me preocupa que tengamos enemigos, ni le pedimos a Dios que nos los quite. Ellos siempre han estado y van a estar con nosotros así como el trigo y la cizaña crecen juntos. Sabemos que al final, el Juez que sabe lo que sí es cierto, lo que sí es bueno y útil pondrá las cosas en su lugar.

Y también estoy convencido que los enemigos de los católicos, aunque realmente sí abren una herida en nuestra vida con sus comentarios infundados y que nos llenan de dolor y tristeza, desde una fe adulta sabemos que, lejos de acabarnos, nos reviven, que lejos de humillarnos, nos engrandecen y que los momentos más difíciles nos ayudan a fortalecernos, porque es verdad aquello que dijo san Pablo: Cuando soy más débil, entonces soy más fuerte. Nuestra fe se purifica y se nutre en las tribulaciones y nos hacen crecer a pasos agigantados. Tomados de la mano de Jesús, nuestros enemigos se vuelven amigos porque cuando nos quieren dividir resulta que nos unen más ¡Benditos sean quienes nos persiguen!

Lo único que sí me preocupa es que los cristianos católicos no apliquemos el examen del triple filtro cuando nos llegan las noticias por los periódicos, la internet, la radio, la televisión, el cine, etcétera. Que nos traguemos los falsos testimonios con el sabor de ironía, sin digerirlos ni escrutarlos. Que no pensemos al menos si se trata de estrategias políticas bien pensadas para que la Iglesia no siga hablando de los valores que contradicen otras tesis cuando proponen que el fin justifica los medios. Me inquieta que no creamos que tenemos enemigos que trabajan de noche sembrando mala semilla para que el resultado sea adverso.

Hermanos: no dejemos que la comunicación sin ética nos destruya y nos divida. Hay que analizar y cuestionar la información tratando de descubrir las falacias que se presentan como verdades. No olvidemos que la comunicación sin ética, es decir, sin relación con la verdad objetiva, se va por el amarillismo, con la finalidad de vender su noticia al postor más vulnerable de la información. Apliquemos el triple filtro de la verdad, la bondad y de lo útil. Bendito sea Dios porque a los cristianos la libertad de expresión no nos da derecho de manchar la imagen absolutamente de ninguna persona, ni siquiera de quienes nos persiguen.

 

 

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