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La expresión social de la fe

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

La fe cristiana no se expresa exclusivamente en el culto o en la esfera privada. La fe es el resultado de un encuentro vivo con la persona de Cristo, lo cual lleva al creyente a expresar esta relación esencial y fundante en sus convicciones, en sus decisiones éticas, en su vida familiar y en su participación para construir una sociedad más fraterna, justa y solidaria, de acuerdo con los principios evangélicos.

De ahí que el Magisterio de la Iglesia haya generado una Doctrina Social cristiana como el resultado del discernimiento eclesial. La Doctrina Social de la Iglesia, a partir de los principios evangélicos, realiza un ejercicio de discernimiento. Discernir significa descubrir qué quiere el Espíritu de nosotros aquí y ahora, ya que es difícil pronunciar una palabra única y proponer una solución universal por la complejidad de los problemas y por el desarrollo de la historia.

En uno de los documentos de la Doctrina Social de la Iglesia, Octogesima Adveniens, de 1971, que se puede catalogar como un documento sobre el discernimiento cristiano precisamente como ayuda para la opción política de los cristianos, el papa Pablo VI establece en el número 4: «...Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción... Discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, en comunión con los Obispos responsables, en diálogo con los demás hermanos cristianos y todos los hombres de buena voluntad,  las opciones y los compromisos que conviene asumir para realizar las  transformaciones sociales, políticas y económicas que se considera de urgente necesidad en cada caso».

La Doctrina Social de la Iglesia pretende, pues, a la luz del Evangelio establecer los principios que necesita la sociedad para vivir la dignidad humana y alcanzar el bien común. Se propone expresar la potencialidad que tiene la fe para transformar la historia y nos va llevando hacia la convicción de que sólo en Cristo el hombre encuentra su propia perfección. En este sentido podríamos decir que los cristianos -si hemos entendido el Evangelio- somos los eternos insatisfechos porque no nos identificamos con ningún modelo de sociedad. Cuando lo hemos hecho, nos hemos equivocado.

La Doctrina Social de la Iglesia tiene que convertirse también en un factor a través del cual se pueda revisar la forma como se está proyectando la formación cristiana en los colegios y universidades católicas. Sería muy pobre y, al mismo tiempo, muy cómodo que salváramos la identidad cristiana solamente con la tradicional clase de axiología o de formación en la fe, sin darnos cuenta de que las carreras que se ofrecen y la dinámica que se establece siguen dependiendo de la mentalidad capitalista.

Por eso no se trata de señalar simplemente los excesos del neoliberalismo que está abriendo de una manera escandalosa la brecha entre ricos y pobres, que provoca el desempleo, la miseria, las desigualdades sociales, la destrucción del ecosistema y la explotación del mismo ser humano. De nada sirve que critiquemos este sistema con sus terribles consecuencias y queramos cambiar la realidad si antes no estamos dispuestos a romper con esta mentalidad capitalista de dominio, de explotación, de consumismo, de egoísmo y superficialidad en la que hemos crecido o en la que estamos formando.

La Doctrina Social de la Iglesia ofrece, pues, todo un programa de formación que puede activar la conciencia de los jóvenes en las instituciones educativas y es un recurso indispensable para que los laicos se formen como verdaderos ciudadanos tratando de transformar sus propias realidades a la luz de los principios evangélicos.

La Doctrina Social de la Iglesia no es un conjunto de verdades eternas y principios inmutables que el Magisterio vaya aplicando a las diversas situaciones. Más bien, y aquí recogemos la definición que ofrece el padre Eduardo Bonnin, Sch. P., en su obra Naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia, «Es el conjunto sistemático de principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción, que el Magisterio de la Iglesia Católica establece, fundándose en el Evangelio y en la recta razón, a partir del análisis de los problemas sociales de cada época, a fin de ayudar a las personas, comunidades y gobernantes a construir una sociedad más conforme a la manifestación del Reino de Dios, y, por lo tanto, más auténticamente humana».

De acuerdo a estas características se entiende mejor la forma como la presentaba el papa Juan XXIII en el documento Mater et Magistra, de 1961. Decía en el número 226: «..Una doctrina social no debe ser materia de mera exposición. Ha de ser, además, objeto de aplicación práctica. Esta norma tiene validez sobre todo cuando se trata de una Doctrina Social de la Iglesia, cuya luz es la verdad, cuyo fin es la justicia y cuyo impulso primordial es el amor... Es, por tanto, de suma importancia que nuestros hijos, además de instruirse en la doctrina social, se eduquen sobre todo para practicarla».

 

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