El exorcista habla a ¡Alégrate!
El padre Álvaro Fernández es exorcista. Además del trabajo pastoral que realiza en la arquidiócesis de Xalapa, el Obispo le dio la autoridad para expulsar al demonio -un personaje espiritual con el que no todos pueden luchar-.
Álvaro Fernández es un hombre modesto, sencillo y de mirada profunda. Sabe que Satanás existe. Dice que en muchas ocasiones ha luchado con él y con su legión de demonios.
Confiesa que ha tenido miedo, que el demonio lo ha confrontado y le ha echado en cara sus debilidades, pero que siempre ha confiado en Dios «porque actúo y expulso al demonio en nombre de Dios y no en mi nombre».
El padre Alvarito -como cotidianamente le llama mucha gente- no parece un personaje de la película El exorcista (1973), el largometraje clásico del cine de terror dirigida por William Friedkin con un guión basado en la novela homónima de William Peter Blatty. No, quizá el exorcista xalapeño en nada se parece a los sacerdotes Lancaster Merrin (Max von Sydow) y Damien Karras (Jason Miller), quienes lucharon contra Satanás para liberar a una niña de 12 años llamada Reagan Mc Neil (Linda Blair) que sufrió posesión diabólica en la película mencionada.
Sin embargo, Álvaro Fernández tiene la autoridad que la Iglesia Católica da sólo a algunos de sus sacerdotes para expulsar demonios y para dirigir el rito del exorcismo.
En la larga entrevista, el exorcista dice que le han tocado casos difíciles de posesión demoníaca y que siempre va preparado incluso para morir en el intento «porque el mal es muy poderoso».
— Se ha dicho, padre Álvaro, que el demonio no existe o que su mejor estrategia ha sido hacernos creer que no existe. Es obvio que usted no piensa eso.
- Mira, en el mundo moderno, materializado, entusiasmado por sus conquistas cibernéticas, muchos niegan al diablo, pero también como nunca se había dado en la historia de la humanidad, hay un descarado culto satánico. Sí, aunque parezca increíble pero en Xalapa tenemos un gran culto satánico y esto ha perturbado a una gran parte de la población y ha contaminado a muchas personas.
El cura exorcista, que ha participado en congresos internacionales de exorcistas y demonólogos, dice que también Europa está llena de perturbaciones satánicas.
- Hace algunos meses participé en un Congreso en Italia y me di cuenta de que el demonio anda suelto por toda Europa, en París, en muchas ciudades que uno creería que van a la avanzada de la modernización, del laicismo, de la secularización, ahí hay manifestaciones demoníacas. Pero es justamente por eso, porque son sociedades que han vaciado su corazón de Dios y necesitan de una suplencia. Cuando uno se vacía de Dios se idoliza, y al idolizar Satanás entra.
- ¿Entonces hay cultos marcados y crecientes?
- Se le da culto y se le invoca, porque algunos creen que es más poderoso que Dios, pero eso no es verdad, eso no hay que creerlo tan fácilmente porque el diablo es una criatura subalterna al poder de Dios. El diablo actúa tanto como Dios lo permite, hay una permisión también del Señor en el mundo porque el mal también tiene, de alguna manera, un lugar pedagógico en la salvación, porque los santos esclarecen su santidad porque han tenido pruebas, porque luchan contra el mal.
— ¿De qué manera estos cultos satánicos influyen en la sociedad y generan problemas sociales?
- Mucho, porque perturban a las personas. Incluso en estos cultos satánicos hay hasta sacrificios humanos. Entonces como que volvemos a las andanzas de un pasado cruel, inhumano, violento, que tiene rencor y resentimiento, que no acepta su historia.
— ¿El satanismo está ligado de alguna manera al narcotráfico o al culto de la Santa Muerte?
- Sí, creo que sí hay muchas ligas. Por ejemplo el culto a la Santa Muerte está ligado a la cultura de la muerte que muchas veces promueven esos grupos. El culto a la Santa Muerte potencia muchas cosas del ocultismo, la magia, los hechizos.
— ¿Le han tocado casos de posesiones demoníacas?
- Sí, claro. Cuando la persona se descarriló mucho y anduvo en ocultismos, en magias, en cosas muy pecaminosas o en el darkismo, por ejemplo, de ahí salen perturbados o con posesión demoníaca. A mí sí me han tocado casos, algunos difíciles pero en todos hemos logrado expulsar al demonio.
— No es una tarea fácil...
- No, para nada. Al contrario, pero progresivamente hemos logrado expulsar al demonio o a los demonios porque muchas veces son varios los que están implicados en una persona.
— ¿Qué se necesita para ejercer el trabajo que usted hace?
- Bueno, se necesita ser obediente al Obispo, un poco de amor a la Iglesia y el reconocer que no somos nada para que actúe el Señor. San Pablo decía «Cuando soy débil soy fuerte».
— ¿Usted le tiene miedo al demonio?
- Sí, claro, yo sí le tengo miedo al demonio, pero como no actúo por mi propia fuerza sino en el nombre del Señor, entonces ahí es donde nos encontramos.
— ¿Y no le ha cimbrado el encontrarse con él?
- Sí, e inclusive le he dicho: sí te tengo miedo, cuando te encuentro sí te tengo miedo, es más, pues yo he estado muy de acuerdo contigo en algunas cosas, porque he pecado en mi historia, pero me ha perdona la Iglesia, y ahora vas a salirte en el nombre del Señor Jesucristo.
—Y ¿ha permitido el demonio algún diálogo?
- Sí, hay algunos diálogos aunque no siempre. A veces es un demonio mudo, a veces es un demonio que se duerme para no oír la oración que le hace el sacerdote, el conjuro. Si vas a pronunciar el conjuro, que es el momento en que tú pronuncias la oración fuerte de Jesucristo y de la Iglesia para sacarlo, entonces él se queda dormido y no oye.
— ¿Y alguna vez lo ha confrontado, lo ha puesto en evidencia de sus pecados?
- Sí, pero a eso no hay que tenerle miedo, porque en la Iglesia creemos que Dios nos perdona si nos arrepentimos sinceramente y que vamos en camino a la salvación. Entonces ése no es problema porque si caemos en pecado nos podemos levantar y seguir adelante. Cierto, con autoridad.
—Entonces ¿al demonio hay que sacarlo con autoridad?
- Sí, con la autoridad de la Iglesia, la autoridad del Obispo, la autoridad de la comunidad y la nada mía.
— ¿Cómo actúan las personas después de un exorcismo?
- Pues se ponen como unas ovejitas, muy dóciles, muy buenos. Pero cuando están en trance son muy agresivos, tiene uno que ponerse atrás de una puerta para correr por si te quieren agarrar del cuello.
— ¿Le han tocado casos de violencia?
- Sí, hay casos violentos, y el padre Gabriele Amorth, demonólogo oficial de la Santa Sede nos ha dicho que vayamos preparados porque uno cuando va hacer un exorcismo puede morir ahí. Entonces uno tiene que ir confesado, y hacer su acto de contrición y ver que sus zapatos no tengan tanta punta porque con un solo golpe bastaría para sacarlo a uno del juego.
—Entonces ¿es un trabajo arriesgado, es como el de policía en la calle?
- Es riesgoso, es misterioso, es terrible, es cosa que sólo Jesús puede hacer.
—Y ¿a pesar de todo usted se mantiene tranquilo?
- Sí, porque tengo mi fortaleza en Dios. Si yo confiara en mí pues me echa al suelo en el primer intento.
El padre Álvaro Fernández está consciente de lo difícil de su misión. Dice que con la llegada del nuevo Obispo de Xalapa pensó seriamente en pedirle que lo relevara de este compromiso, aunque él se mantiene en la disposición de seguir sirviendo a la comunidad.
- Claro, yo no voy a decirle al Obispo que me cambie, pero mi médico personal me ha dicho que puedo terminar en el manicomio por estar tratando a tanta gente perturbada. Claro, nosotros vemos las cosas desde la perspectiva de la fe y creo que podría terminar en el manicomio si sólo confiara en mis fuerzas.
El exorcista concluye señalando que su trabajo también implica sanación y confrontación psicológica. Añade que no todos los casos que le ha tocado atender son de posesión demoníaca porque muchas veces la gente sana con oración y con la ayuda de un psiquiatra.
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