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Sí hay vocaciones en la Iglesia: P. Manuel Jiménez

Pero hay que salir a buscarlas

Segunda de dos partes
Juan Bosco Arellano

El padre Manuel Jiménez fundó el Seminario Menor de Papantla, en medio de muchas dificultades, «pero se logró salir adelante con la ayuda del Señor» reconoce.
Actual rector del Espíritu Santo en Coatepec, con una larga trayectoria sacerdotal, el padre Jiménez continúa la entrevista contando de las peripecias que vivió para encontrar vocaciones en la diócesis de Papantla.

«También monseñor Rafael Guízar Valencia tuvo el problema de las vocaciones y no se contentó con traer gente de Michoacán, ya formada, sino que siempre dio importancia al Seminario.

«Eso de que no hay vocaciones no sé si es fruto de la pereza o de la mala organización de la Pastoral. Siempre que recorrí la diócesis me di cuenta de que Dios tiene jóvenes por ahí, en los pueblos, en Plan de las Hayas, en Juchique de Ferrer, en lugares donde la evangelización llegó tarde o fue pasajera.

«Lo que se necesita es gente que esté de tiempo completo, de lleno entrevistando a los muchachos. Éstos no van a ir a la cabecera a ver qué es un seminario; hay que ayudarles, conocer a sus familiares. Desde aquel tiempo creí mucho en las entrevistas familiares.

«Antes se decía que era una labor de pesca. Yo sigo creyendo todavía en eso, sin apuntar nada en contra de los sistemas actuales. Así brotaron las primeras vocaciones en la Iglesia, y en Papantla, cada año de los que estuve ahí, surgían, el Señor ponía a cinco muchachos bien preparados. No todos persistían, pero siempre les decía: ‘Aquí estás libremente. Aprovecha el momento y el tiempo’».

Después de esta experiencia, el padre Manuel fue llamado como vicerrector en el Seminario Regional de Teziutlán, una experiencia que se echó a andar con seminaristas de todas las diócesis asentadas en Veracruz.

El rector en ese tiempo era el padre Miguel Sáinz, de feliz memoria.

«Fue un año difícil, como toda experiencia nueva. Éramos sólo un puñado de sacerdotes con muchachos de todo Veracruz, con niveles de formación distinta, con tradiciones y conductas diferentes» indica.

Después de varios años la experiencia de seminario regional no funcionó, el equipo se desintegró y fue cuando el padre Manuel Jiménez pidió su incardinación formal a la arquidiócesis de Xalapa.

Desde entonces, el padre Manuel ha prestado sus servicios en muchas parroquias, rectorías y capellanías.

A él le tocó terminar la obra de la parroquia María Madre de la Iglesia que había empezado el padre Buenaventura Campos. «Ahí estuve dos años pero por una tromboflebitis tuve que ir a México. Cuando regresé, monseñor Abascal me mandó a Apazapan, porque había fallecido el padre Florencio. Luego me envió a Naolinco,  de ahí a la Colonia Manuel González y a Huatusco, para suplir al padre Palomo».

Cuenta que, perseguido por la enfermedad, pidió permiso para descansar en Coatepec, en una casa donde vivían sus hermanos. Al poco tiempo, monseñor Obeso le pidió que se ocupara de la parroquia de El Calvario y ahí surgió mucho trabajo en la cárcel de Pacho Viejo, en La Laguna, La Orduña, San Alfonso y El Barrio de San Miguel.
Regresó a Xalapa a trabajar en la parroquia de San Pablo, que fundó el padre Denis, de origen irlandés. Desde ahí inició la búsqueda de un terreno para construir una capilla en Lomas Verdes.

Volvió nuevamente a Coatepec a la iglesia de Fátima, luego a Campo Viejo y nuevamente a El Calvario. Con todo y sus enfermedades, que ha aceptado con paciencia, el padre Manuel Jiménez llegó a la casa de retiros El Espíritu Santo y ahí arrancó el proyecto de construcción del templo que ahora se encuentra en proceso.

El padre Manuel celebró en esta comunidad el pasado 2 de febrero, Día de la Candelaria, sus 50 fructíferos años de la vida sacerdotal, una vida que ¡Alégrate! resumió en dos entregas con esta entrevista que nos concedió, pero que describirla totalmente nos llevaría miles de páginas.

¡Gracias, padre Manuel Jiménez, por su incansable trabajo en la comunidad católica de Veracruz y en la arquidiócesis de Xalapa!

 

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