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...La he hecho sufrir, pero me ha apoyado...


José Juan Jácome Alarcón

Don Vicente Meneses Alarcón, de 77 años de edad, es originario de Loma Plan, municipio de Chiconquiaco y vive, desde 1960, en Tepetlán, Veracruz. Toda su vida ha trabajado en el campo sembrando maíz, frijol, café, caña y chile. Vive con su esposa María Hernández Salazar, con quien tuvo 10 hijos, de los que actualmente le viven 8.
Don Vicente perdió la vista paulatinamente, desde hace 15 años, por un problema de glaucoma. Con gran sacrificio visitó varios doctores con la ilusión de recobrar la vista. Le practicaron varias operaciones en el ojo izquierdo, pero desafortunadamente la primera de estas intervenciones fue mal practicada y sólo lo dañó más. Actualmente con el ojo derecho no ve nada y con el izquierdo, sólo algunas sombras.

- ¿Cómo es su vida actualmente?

- Ahora me siento bien gracias a Dios porque, aunque no veo, estoy aprendiendo a ser útil. Cuando perdí la vista me sentí muy triste e inútil. Me sentía mal por no poder realizar las cosas que antes hacía. Y pensaba: «¿Qué va a ser de mí? La gente se va a desesperar al darme de comer, al guiarme, al cuidarme…».

- ¿Cómo vivió su vida en ese momento?

- Mi vida cambió mucho. Ya no iba al campo y me la pasaba en la casa de flojo por no poder hacer las cosas. Estaba todo el día sentado en cualquier lugar y allí me quedaba dormido. Perdí el interés por asearme. No quería ir a los lugares que acostumbraba visitar ni platicar con nadie porque me sentía triste y pensaba muchas cosas: en depender de la gente, en que se podían chocar de mí o me iban a abandonar. Eso me daba muchas vueltas y pensaba cómo sería mi vida en el futuro.

- ¿Cómo fue el apoyo de su familia?

- Mi esposa, a pesar de que la he hecho sufrir, me ha apoyado en todo. Dondequiera que vamos me guía, me enseña a que aprenda a comer solo. Me prepara mi ropa de tal manera que yo pueda bañarme y cambiarme solo. Me motiva a no sentirme inútil dándome pequeños trabajos que yo pueda hacer. Platica conmigo, hace oración conmigo. Me cuida mucho.

- ¿Y sus hijos?

- Unos me apoyan más que otros. En algún momento se acuerdan de mi. Mis hijas, que viven aquí, todos los días están al pendiente de nosotros. Mis hijos nos hablan por teléfono o nos visitan de vez en cuando. Tengo un hijo que está trabajando en Estados Unidos y siempre está el pendiente de nosotros. A pesar de que está casado y con hijos, cada ocho días nos llama. Gracias a Dios y a mi hija Yola, que está trabajando en Puebla, tengo la oportunidad de tomar algunas clases en una escuela de ciegos.

- En estos momentos ¿cómo se siente?

- Muy contento porque gracias a Dios empecé las clases en una escuela para ciegos. De ahí para acá me siento con más confianza para salir. Antes sólo estaba fuera de la casa y platicaba con el carnicero o con otro vecino de aquí cerca y ahora me siento con más confianza. Ya le doy la vuelta a la manzana y hasta camino más lejos, aunque a veces me pierdo y tengo que preguntar dónde estoy. Esto lo he aprendido de mi maestro porque me daba pena pedir ayuda.

- ¿Ha renegado alguna vez de Dios?

- No. Nunca pensé en renegar de Dios. Pensaba en cosas de mi vida, pero no en renegar de Él. Siempre he pensado en que se haga la voluntad de Dios, porque Él es el que ve mi problema y sólo Él me puede ayudar para darme entendimiento, para guiarme, porque antes me daba miedo chocar, tropezarme o atropellar a una persona. Hoy, gracias a Dios, tengo más confianza y voy poco a poco. No llevo prisa y le hago caso a mi maestro siguiendo sus instrucciones, aunque tengo que acostumbrarme a usar el bastón.

- Y en cuestión de fe, ¿qué es lo más bonito que ha vivido?

- Lo más bonito es un tiempo de reconciliación, principalmente con Dios y con las personas. He participado en retiros y reuniones que me hacen sentir más tranquilo. Esas enseñanzas me ayudan a vivir mejor. Así estoy dejando atrás la enfermedad, me siento tranquilo porque Dios se acuerda de mí y ya no me estoy preocupando más, porque si no más me acabo. Y como me dice mi esposa: «Yo no quiero un viejito chocho» (ríe).

- Por último ¿qué le diría a la gente?

- Que no duden de Dios, porque Él es el único, bondadoso y protector. Él todo nos lo concede, no ganamos nada por estar renegando. Hay que tener la fe puesta en Él y pedirle más fe para salir adelante.

 

...Cuando estaba perdiendo la vista
fui a limpiar mi chilar y cuando
terminé me dijeron que quedó
bien limpiecito, ralito, ralito, sin
hierbas y sin matas de chile...

 

 

 

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