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Inicio Entrevistas «Toda mi vida ha girado alrededor de mi sacerdocio»: Padre Villarreal
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«Toda mi vida ha girado alrededor de mi sacerdocio»: Padre Villarreal

A las nuevas generaciones: «No piensen en comodidades».
Juan Bosco Arellano

«Toda mi vida ha girado alrededor de mi sacerdocio» me dice el padre Bernardo Villarreal Villarreal, canónigo, poeta, presbítero del Señor con 90 años de vida y 64 de sacerdocio que recibió de manos de monseñor Manuel Pío López.

 

En su casa de la calle Colón, en Coatepec, el hombre que salió de su natal Monterrey siendo un niño, que se formó en España y que ha ejercido un fructífero ministerio en la arquidiócesis de Xalapa, señala que lo único que ha hecho durante toda su vida ha sido predicar el Evangelio, administrar los sacramentos y servir a la Iglesia del Señor.

«Todo gira alrededor de mi sacerdocio, hasta mis diversiones y mis paseos. Todo brota de mi sacerdocio y todo gira alrededor de él. Soy un sacerdote dedicado a la salvación de las almas» expresa en una sala repleta de motivos religiosos, de muñecos de peluche, de bendiciones papales —una traída de Roma por monseñor Sergio Obeso Rivera y la otra, por el padre Rafael González— y de una gran fotografía que lo muestra de pie el 22 de diciembre de 1945 cuando recibió el sacramento del Orden sacerdotal.

El padre Villarreal, reconocido por su gran sensibilidad poética y por la manera en que ha cantado a Coatepec, la tierra a la que llegó en 1968, expresa que con sus 64 años de ministerio sacerdotal sigue viviendo intensamente el servicio «y si vuelvo a nacer, no dudaría en escoger ser nuevamente sacerdote».

A las nuevas generaciones dice: «Me gustaría ver sacerdotes convencidos de lo que representan, que se muevan por verdaderas convicciones, que vean el trabajo intenso que tenemos con amor, con dedicación. Que no piensen en comodidades sino en que tenemos muchas cosas que hacer y además que obedezcan al Obispo, que vayan donde él les pida. Yo he sido párroco, vicario, rector, maestro del Seminario, he sido de todo y todo me ha gustado» apunta el presbítero después de despachar a una religiosa que le pidió acudiera a visitar a un enfermo.

Con 90 años de edad, el señor canónigo dice que todos los días al levantarse le pide a Dios: «Señor, el día de hoy dame la gracia de servir a mis hermanos; que todo lo que yo haga sea para tu mayor gloria y para el bien de las almas. Así sea mi silencio, mi trabajo, mi quehacer, mi celebración eucarística, mi atención a los enfermos, que todo sea para tu mayor gloria. Para mí, sólo deseo tener conciencia de lo que estoy haciendo, ser responsable de mis actos, que mi edad no me lleve a hacer cosas de irresponsabilidad, que sea todo de acuerdo con la voluntad de Dios y todo de acuerdo siempre viendo el bien de las almas. Nunca un mal ejemplo. Nunca algo que trascienda en contra de las almas. Eso es lo que le pido a Dios, que hasta el último instante de mi vida esté buscando siempre su gloria y su voluntad y haciéndole el bien a los demás» concluye.

 

 

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