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Nací para ser sacristán

Laura Fernández Medina


«Yo le doy gracias a Dios por permitirme ser el guardián de este lugar»: Docho, sacristán de San Antonio de Padua, como cariñosamente le dicen al señor Eudoxio Hernández Méndez, tiene más de 28 años como sacristán.

Inició en la Catedral de Xalapa cuando el presbítero Ernesto Sánchez Ordoñez era el párroco y, posteriormente, el  padre Vicente Condado Sánchez. A lo largo de estos años, Docho ha estado en las parroquias de San Isidro Labrador, María Madre de la Iglesia, San Martín de Porres y, actualmente, lleva casi 6 años en la parroquia de San Antonio de Padua, en Xalapa.

Como hombre cercano a la Eucaristía, Docho ha conocido de cerca el testimonio de los sacerdotes. «De los 28 años que llevo como sacristán, 16 años he trabajado con el padre Jacinto Rojas Ramos, un sacerdote muy entregado a la comunidad. Siempre está al pendiente de las necesidades espirituales de sus fieles. Es un hombre bueno y nos hemos acoplado bien para cubrir las necesidades del templo».

En la parroquia de San Antonio, las labores de Docho inician a las 7:20 de la mañana, cuando abre el templo para dar inicio a las eucaristías del día. Cierra a las una de la tarde, vuelve a abrir a las cuatro y cierra a las nueve de la noche, cuando terminan las actividades en la parroquia.

«La comunidad de San Antonio de Padua es una comunidad muy cálida. Los movimientos y grupos se organizan muy bien  y ayudan mucho, hacen que me sienta respaldado» comenta Docho con una sonrisa.

El trabajo de Docho nos hace ver que los sacristanes que no son los encargados de «cuidar la iglesia», sino que son los guardianes de la casa de Dios, por lo que velan por hacer del templo un lugar digno y respetado para la oración con Dios. Es importante resaltar la labor de las familias. En el caso de Docho, su esposa y tres hijos le apoyan incondicionalmente, incluso se han incorporado en las actividades de la parroquia.

«Yo creo que nací para ser sacristán. Por eso les digo a quienes quieren serlo que siempre hay que tenerle respeto a la casa de Dios, cuidar lo que está adentro y, sobre todo, adorar a Cristo Jesús en el Santísimo» concluye con sencillez y se reincopora a su trabajo.

 

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