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Memorias de un Franciscano

Hugo Francisco O. F. S.

Francisco de Asís, un santo que vivió hace 800 años, está presente en nuestro tiempo.

El viernes antepasado, al empezar la novena de san Francisco en el Albergue de Caritas Sumidero, les comenté a mis hermanos abuelitos que radican ahí que el domingo iríamos a visitar a unos hermanos de la Fraternidad Franciscana de Xico, en Oxtlapa, y que hay familias que tienen mucha necesidad. A lo cual una hermana me sugirió una forma de poder llevar ropa y otros artículos. Otra hermana franciscana metió su mano en su bolsa y saco un collar muy bonito y nuevo, diciéndome con mucha alegría: «Llévele esto a quien quiera, hermano». Se lo entregué a una jovencita franciscana en Oxtlapa y sólo le dije: «Esto te lo manda una persona muy especial».

En un mundo cada vez mas materializado, en donde se dice cuánto tienes es cuánto vales, en donde todos queremos ser más que los demás, debemos voltear y ver a los que nada tienen, cuando personas como la hermana del Albergue de Cáritas Sumidero nos enseñan que tienen muy poco y de ese poco con amor lo comparten y que en esto encuentran la felicidad y viven como san Francisco. «Necesito poco y de lo poco que necesito, necesito poco».

He visto a san Francisco en los hermanos de Caritas Sumidero. «Abuelitos», como con amor les decimos. Cuando le dan de comer a la hermana que no puede moverse, cuando se ayudan a caminar, cuando están al pendiente de llevar al baño a otro hermano, cuando a la hermana que no ve la toman de la mano y la llevan donde desea, cuando con alegría rezan y alaban al Señor, cuando el hermano Fredy se da a entender y me regala una sonrisa o me toma de la mano, sus muestras de afecto y de cariño y de preocupación por mi familia… Es ahí donde día a día viven en una verdadera fraternidad, en obediencia, pobreza y castidad, así como muchos, esperando el encuentro con nuestro Creador.

Ser franciscano es tener a Cristo vivo dentro de mi y bendiciendo constantemente la obra del Señor. Siempre hay algo más que esperar de la vida. Rosas para dar en lugar de espinas.

Paz y bien.

P. D.
En Oxtlapa, el hermano que nos recibió nos compartía que su esposa estaba preocupada porque no sabía qué hacer para recibirnos. Su esposo le comentó: «No te preocupes son, hermanos franciscanos». Y felices nos recibieron con unos ricos frijolitos, huevos con adobo y café, así como con la preciosa noticia de que 32 niños que quieren ser franciscanos.

 

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