Texto y foto: Laura Fernández Medina
Para la hermana Reyna MartÃnez Perdomo, Adoratriz Perpetua del SantÃsimo Sacramento, consagrarse a Dios ha significado la plenitud de su vida.
Asà como Dios nos permite nacer con manos, pies, ojos, oÃdos, corazón, etcétera, de igual manera nacemos con un don especial, el cual nos marca el camino para realizarnos como personas y alcanzar nuestra felicidad. La hermana Reyna MartÃnez Perdomo, Adoratriz Perpetua del SantÃsimo Sacramento, con una luz de alegrÃa en los ojos, nos comparte su testimonio de vida consagrada. «Mi vocación nació conmigo. Desde pequeña, siempre disfruté acompañar a mi papá a la adoración nocturna. Me gustaba mucho contemplar a Jesucristo EucaristÃa. Siempre me ha gustado admirar la naturaleza, los campos, los árboles y los animales. Asà quedé maravillada de las grandezas de Dios» comenta la hermana Reyna.
Con 18 años consagrada a la vida contemplativa, la hermana Reyna ha encontrado en Jesucristo su realización humana, siempre confiando en que Dios le acompaña y la guÃa en este camino. «En medio de las debilidades humanas, Dios siempre nos socorre y nos muestra su amor sin condiciones, ese amor que es eterno, porque Dios nunca muere. He encontrado que es Él quien llena mis anhelos, quien responde a mis llamados y quien me impulsa a sentirme realizada al contemplarlo en la hostia consagrada. Aquà he encontrado a Dios en el silencio, en la quietud, en los momentos Ãntimos en los que frente a Él hago oración. Nuestro Señor Jesús siempre nos ayuda a encontrarlo y nos va poniendo en los lugares donde Él nos necesita».
Cada persona experimenta momentos inolvidables en su vida, uno de ellos fue cuando la hermana Reyna hizo sus votos perpetuos. «Cuando tomas tus votos temporales es un momento lleno de ilusión, sientes nervios y te empiezas a preguntar qué será vivir asà el resto de tus dÃas, quieres estar siempre en presencia del Señor. Es una emoción muy grande, te sientes como recién casada. Tienes un momento para expresar tu gratitud al Señor por ser elegida para servirle en la oración por los hermanos. En nuestra orden, renovamos los votos temporales por cinco años y entonces, cuando ya has aclarado tus dudas y tienes la seguridad de vivir en comunidad y adoración a Jesús, y si asà lo determinan tus superioras, tomas los votos perpetuos. Ese dÃa, mi corazón y todo mi cuerpo sintieron una gran alegrÃa. Fue como si el EspÃritu Santo me inundará de su gracia, y en tranquilidad acepté mi deber para siempre de serle fiel a Jesucristo».
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