Texto y foto: Fernando Rueda Rojano
«A las mujeres consagradas nos toca en la Iglesia ser el corazón, el amor, ser el amor de Cristo manifestado, el que Dios da a la Iglesia» -expresa la madre Leticia Estela Zilli Manica, de las Hermanas de los Pobres, Siervas del Sagrado Corazón, fundadas en Zamora, Mich.
A 51 años de su profesión religiosa, habla asà de su vocación. «Claro que ha de ser el llamado de Dios; pero pienso también que mi vocación nació en las rodillas de mi madre. Ella me leÃa diariamente la historia de santa Teresita, libro que mi hermano, el sacerdote, le dio. De ahÃ, de las rodillas de mi madre, me paraba a brincar, a jugar y a todo. Y mi mamá me decÃa: ‘Hija, pero es que santa Teresita no brincaba, santa Teresita no reÃa, santa Teresita no gritaba…’. Y era lo que más hacÃa yo. Entonces, cuando conocà a mis hermanas, que eran mis maestras, vi que eran mujeres normales y fue cuando tomé la decisión».
¿Por qué la educación?
La madre Estela es licenciada en PedagogÃa por el Instituto Anglo Español de México. Ha sido toda una vida dedicada a la educación. «Yo creo que nacà con un libro en la mano» -dice. Recuerda que desde muy niña ayudaba a su madre, doña Teresa, a dar catecismo, en Loma Bonita, Oaxaca. «Me daba un grupo de 6 ó 7 chiquitillos». Y ya en el colegio: «Yo era feliz cuidando a los niños de kÃnder. Ahà empecé. Para mÃ, dedicarme a la escuela ha sido lo más maravilloso que Dios me ha regalado en mi vida. Es lo más hermoso que hay» -afirma la directora del Colegio Guadalupe Victoria, de Perote.
Sin embargo, no todo es dulzura, Para la madre Estela, lo más difÃcil es la vida común. «Yo duré mucho tiempo siendo una mujer sumamente feliz. Brincaba, reÃa, chillaba, hacÃa todo. Mi mamá le decÃa al padre: ‘Aplaca a esa monja’. Pero yo era muy feliz siendo religiosa. Poco a poco fui haciéndome ya de otras ideas o viendo la maldad que existe en el mundo y fui descubriendo cosas que me han hecho ver a ratos que la vida común es muy difÃcil, muy difÃcil. Gracias a Dios, me ha tocado, en la mayorÃa de las partes donde he vivido, vivir la vida común, si no de manera excelente, sà con una gran normalidad, que la gente puede constatar y lo puede decir. Vivimos bien. Son muy pocas las veces en las cuales yo he querido correr, muy pocas, gracias a mi Padre Dios». - ¿Qué significa para usted tener un hermano sacerdote?
- Es lo más bello de mi vida. Desde niña, suspiraba por ello. La vida nos dejó al Benny (José Benigno) que tanto queremos. Ha sido una dicha, una gran bendición tener a Benny, que siempre ha sido excelente hermano.
Realizada como mujer
Dentro de la Iglesia a la que sirve, la madre Estela nunca he añorado ser otra cosa que lo que es. «Yo siempre he sido feliz y creo que Dios me quiere como mujer. Digo: ‘¡Señor, gracias, porque mi vida fue ser mujer!’. También fue duro para mÃ, porque nacer entre tres hombres… Yo era la más pequeña, la única mujer…Cuando querÃa jugar con una hermanita, me tocaban las respuestas de los hombres. Entonces era difÃcil. Por eso, precisamente, en mis primeros años y durante muchos años de mi vida, he sido feliz con las hermanas, porque siempre añoré tener hermanas. De todo lo que nuestro Señor me ha dado esto es lo que me ha hecho más feliz: mis hermanas de religión.
«A mis hermanas que ya tienen más de 50 años, les dirÃa que las admiro y que, gracias a ellas, mi consagración se ha mantenido. Gracias a su ejemplo y a su trabajo podemos existir. Échenle ganas, no se rindan, nos falta muy poquito para llegar a Dios y todavÃa lo podemos hacer bien. A las jóvenes, entréguense totalmente al Corazón de Jesús. Una vez que uno se entrega, todo lo demás sale sobrando» -concluye sonriendo.
Ésta es la directora del colegio «Guadalupe Victoria» de Perote, que se está preparando para celebrar las «bodas de oro» de su fundación en la ciudad del frÃo y del jamón.
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