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Soy ministro de Dios al servicio de mi Iglesia

Texto y foto: Natanael contreras Hernández

Con algunos años de servicio a la Iglesia, don Pablo Valdivia Colorado, doña Imelda González López y don Miguel Ángel Andrade Elox, todos ellos  ministros de la parroquia de San Jerónimo, de Coatepec, nos regalaron unos momentos para compartirnos su experiencia en este valioso servicio a la comunidad

- Don Pablo, ¿por qué le gusta a usted ser ministro?

- Siempre he pensado que es uno de los servicios que más se necesitan dentro de las actividades de una parroquia. Yo inicié desde principios de 1980, cuando el padrecito nos mandaba a las comunidades porque él no podía asistir, no sin antes prepararnos, principalmente en Semana Santa.
- ¿Qué se siente estar tan cerca de lo sagrado?

- Pues me da mucho miedo por la gran responsabilidad que uno siente. Lo que más me puede es pensar que si yo seré digno de llevar a Dios en mis manos, pero pues confío en que esa es la voluntad de Dios, por algo me ha dejado servirle todos estos años. Incluso, recuerdo una vez  que iba con el Santísimo en mis manos, me dirigía a la comunidad que me mandaron y me encontré a un borrachito. Me dio miedo, no por mí, sino por lo que llevaba, pero empecé a orar y fue una oración que me nació desde el interior de mí que no me aguanté y lloré, lloré mucho y al borrachito de repente lo perdí de vista.

- ¿Qué función desempeña usted como ministro?

- Pues nuestro apostolado inicia los domingos desde las seis de la mañana, donde asistimos al padre en la celebración y de ahí hasta la misa de ocho de la noche. También organizamos horas santas y frecuentemente nos reunimos para prepararnos y crecer en la fe.

«Yo llevo de ministro nueve años. Lo que más puedo agradecer a Dios es que me ha dejado servirle. No me llamó antes ni después, sino en el momento justo. A pesar de que participaba en otro grupo, mi llamado, como el de mis demás hermanos, creo que fue muy especial, pues surgió en un momento fundamental en mi vida» nos dijo doña Imelda.

- Doña Imelda, ¿qué es lo que más le gusta hacer como ministro?

- Pues estoy al servicio de Dios y hago con gusto lo que el padre me indique; sin embargo, cuando nos corresponde servir en el altar, me gusta mucho entonar el salmo, porque es una alabanza que sale de mi interior, y aunque no canto muy bien, sé que a Dios le agrada.

- De manera  muy personal, ¿qué significa para usted ser ministro?

- La verdad es que me da mucha alegría, porque no fui yo quien eligió al Señor, sino que Dios, aun con todos mis defectos me eligió a mí. Eso me da una inmensa alegría y también siento una gran responsabilidad.

Por último don Miguel nos platicó su experiencia

- ¿Dónde desarrolla su apostolado?

- Pues principalmente en Mariano Escobedo. Ahí llevo a cabo mi apostolado, visitando enfermos y haciendo celebraciones de la palabra con permiso del padre.
- ¿Cómo se siente usted sirviendo en este apostolado?

- Al igual que mis dos hermanos, me siento con mucha responsabilidad y esta responsabilidad me ha ayudado no sólo en el servicio que le presto a mi Iglesia, sino ha repercutido en mi vida personal, en mi trabajo, en mi familia y con toda la gente.

- ¿Qué es lo que usted espera de sí mismo respecto a su servicio?

- Le pido a Dios que no me deje, puesto que sin Él no soy nada, y espero que siempre le sirva a mi Dios con todo el amor del mundo.