
Antes, nuestro pueblo observaba la Semana Santa con un rigor extremado. Incluso, se decÃa que uno no debÃa viajar ni podÃa bañarse. Ahora pasa todo lo contrario. La fila de los automóviles parece un vÃa crucis rumbo a las playas.
 ¿Qué decir de este cambio? No se puede negar que liberarnos de mojigaterÃas y supersticiones es una cosa buena. Tampoco queremos juzgar a los antiguos; pensamos que sus costumbres estaban dictadas por una intención muy recta y piadosa. Pero exageraban. Los dÃas de Semana Santa son también dÃas de vacaciones y hay que aprovecharlos.
Sin embargo, al mismo tiempo, no se debe olvidar que conmemoramos los misterios más grandes de nuestra redención: la muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Salvador.
Esté usted donde esté, no deje de participar en algún acto de culto y de unirse a los más sencillos que, en muchas cosas, nos dan lecciones de vida.
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