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Consagración de México al Espíritu Santo

Renovación de nuestro compromiso bautismal evangelizador
Pbro. José Rafael Reyes García
Asistente diocesano de RCCES

A mediados del mes de Marzo, la dirigencia del Movimiento de Renovación en el Espíritu Santo a nivel nacional recibimos una muy grata noticia:

 en la reunión que los obispos de todo el país habían tenido en Febrero, acordaron renovar la consagración de México al Espíritu Santo, que hizo el episcopado mexicano en 1925, en el marco de un Congreso Eucarístico Nacional y que se renovó en 1975 (50 aniversario de dicha consagración).

En 1974, preparando dicha renovación, monseñor Salazar López, escribía: «En el contexto actual de nuestra patria se hace urgente que de nuevo nos pongamos bajo la especial acción del Espíritu Santo para resolver los graves problemas que se plantean a la Iglesia, y atender tantas necesidades urgentes, entre las que sobresale la de una completa y más profunda evangelización (…).

« (…) En nuestros últimos documentos pastorales (…sobre) reforma educativa, la paternidad responsable, el  compromiso cristiano ante las opciones sociales y la política, hemos puesto de manifiesto las necesidades que los cambios de los últimos años han hecho surgir en nuestra historia (…)».

Enseguida, viene una descripción sintética de la situación de aquel entonces (hace 35 años): necesidad de una paternidad responsable y generosa, de familias integradas con profundo respeto por la vida, necesidad de una verdadera y profunda reforma educativa que forme en los valores humanos y cristianos, necesidad de mayor solidaridad nacional e internacional, de mayor democracia, de vivir la autoridad como servicio. También señala el divorcio entre la fe y la vida, las grandes masas de católicos apenas evangelizados cuya fe se reduce a mero sincretismo religioso (mezcla de creencias paganas y cristianas), la escasez de vocaciones y de respuesta generosa a la vocación (sacerdotes y religiosas desorientados).

Pareciera que los obispos en Aparecida (2007) se hubieran copiado la descripción de la realidad que hacen, ya no sólo de México, sino de toda América Latina (Nos. 33 al 100). Claro que además señalan problemas más actuales y graves como el narcotráfico, la invasión de las sectas, la corrupción en muchos gobiernos de América que han ido legalizando el aborto, las uniones de homosexuales, la eutanasia y hasta la droga, denuncian  el crecimiento de la pobreza por modelos económicos  injustos y autoritarios.

En el mensaje final declararon: «Al terminar la conferencia de Aparecida, en el vigor del Espíritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que unidos, con entusiasmo, realicemos la Gran Misión Continental. Será un nuevo Pentecostés (…) Con el fuego del Espíritu Santo, avancemos construyendo con esperanza nuestra historia de salvación…».

Por todo ello, nuestros obispos decidieron hacer dicha renovación de la consagración en la misa de inicio de su Asamblea General del mes de abril y acordaron que cada obispo haría la consagración de su propia diócesis en la fecha que viera más conveniente, tomando como referencia el 31 de mayo, fiesta de Pentecostés y de la Visitación de la santísima Virgen.
Esperamos que nuestro obispo y sus consejeros pronto nos convoquen a esta manifestación de comunión diocesana, donde echemos a andar nuestro proyecto de evangelización. Hagamos nuestra consagración al Espíritu Santo y manifestemos nuestra comunión en esta persecución encubierta.

 

 

 

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