Juan Bosco ArellanoCon un llamado a seguir el ejemplo de san Antonio, un hombre extraordinario que se distinguió por la protección que brindó a los pobres y necesitados, monseñor Hipólito Reyes Larios festejó el pasado sábado 13 de junio al patrono de la comunidad que preside el presbítero Jacinto Rojas Ramos.
En una comunidad plena, devota, participativa, el Arzobispo también celebró sus 9 años de ordenación episcopal y agradeció a Dios por este don de servicio.
Acompañado de los vicarios parroquiales, los padres Galdino Pérez y Reynaldo Domínguez, del padre Álvaro Fernández A. y de un grupo de bien organizados acólitos, don Polo dijo que el cristiano debe ser una criatura nueva, dejando atrás al hombre viejo, porque a pesar de todos nuestros pecados, «el Señor es compasivo y misericordioso».
Después de recordar con los feligreses los Diez Mandamientos y de actualizar el Evangelio entre el Antiguo y Nuevo Testamento, el Arzobispo señaló que si en la antigüedad se pedía amar al hermano y odiar al enemigo, el Evangelio pide amar al hermano y amar al enemigo.
«Esto es muy difícil, porque estamos acostumbrados sólo a amar a los que nos hacen el bien. Por ejemplo, las autoridades de la Procuraduría del DF que detuvieron injustificadamente al padre Rafael Muñiz López y a su hermano Francisco Javier, a mí, en lo personal, me caen muy mal, porque están haciendo las cosas muy chuecas, muy mal, sin pruebas y parece que a fuerza lo quieren inculpar. Sin embargo, el Evangelio nos pide que oremos también por nuestros enemigos. Por eso, hoy les pido que oremos intensamente a Dios, por intercesión de san Antonio para que de fortaleza al padre Rafael Muñiz y a su hermano y para que mueva el corazón de las autoridades que lo quieren inculpar sin que haya delito ni pruebas» expresó.
Al concluir la eucaristía, el padre Jacinto Rojas Ramos, quien también se desempeña como vicario judicial del Arzobispado, agradeció la presencia de monseñor Hipólito Reyes Larios y le dijo que la comunidad de San Antonio se mantiene en oración permanente por su trabajo y apostolado.
Con la paciencia que le caracteriza, don Polo saludó a todos los feligreses que se le acercaron, se tomó fotografías y después en lo salones parroquiales y compartió el pan y la sal con toda la comunidad.
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