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El Obispo de Córdoba

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

¿Cómo se puede vivir después de un lamentable accidente en el que pierde la vida una persona? ¿Cómo se puede explicar un hecho trágico de esta naturaleza, cuando no estuvo en nuestras manos el poder evitarlo? Estos y otros cuestionamientos vienen inmediatamente a la mente, a raíz de la situación en la que se vio involucrado monseñor Eduardo Patiño Leal, obispo de Córdoba.

La reacción ya se veía venir, porque cuando se trata de un hecho que tiene que ver con la Iglesia es una ocasión muy apropiada para descargar una serie de diatribas que no se enfocan al hecho mismo.

No se abona al esclarecimiento de los hechos y a la aplicación de la justicia aprovechando situaciones como éstas simplemente para sembrar la sospecha en el prelado o en la misma Iglesia. No es la primera vez que esto pasa y en la comunidad católica no nos podemos acostumbrar a este trato que afecta no sólo a una persona concreta, sino a todos los que nos sentimos parte de una misma familia y que desde nuestra identidad religiosa hacemos nuestra aportación para el fortalecimiento de nuestro país.

En el marco democrático se escudan muchas expresiones que no aportan a la construcción de México y a la verdadera aplicación de la justicia. En estos tiempos tan difíciles de crisis económica, inseguridad y desempleo que enfrenta nuestro querido México, no nos podemos dar el lujo de destruirnos o descalificarnos gratuitamente. Todos somos hermanos y vivimos tiempos para sumar y no para restar, para aspirar a vivir y trabajar en comunión y no para desacreditar a los demás.

Nos necesitamos todos los grupos, Iglesias, autoridades, instituciones y actores de la vida política. No le podemos apostar a que le vaya mal a los demás. Nos conviene que haya autoridades, instituciones e Iglesias sólidas que sigan cumpliendo su misión y de esta forma le aporten a México en estos tiempos difíciles que enfrentamos.

En la comunidad católica, nuestra primera reacción, ante un hecho lamentable como este, ha sido hacer oración por todos los que estuvieron involucrados y por todos los que tienen que impartir la justicia para que pongan las cosas en su lugar. Hacer oración por la señora que lamentablemente murió en el accidente, por los que aún están enfermos y hospitalizados a consecuencia de este mismo hecho y por monseñor Patiño, que provocó el accidente.

Eso también se esperaría de otras personas que saltan a la palestra para criticar al Obispo y a la misma Iglesia. Ojalá que en el interior de su corazón también eleven una plegaria por el eterno descanso de la señora y también por la persona que causó el accidente, para que pueda rehacer su vida, más allá de todas las secuelas que ciertamente quedarán. Asimismo, no se puede hablar desde una postura justiciera e implícitamente asegurar que jamás se verá uno involucrado en un hecho como éste. Tenemos que hacer oración y ser comprensivos.

Desde el primer momento de los hechos, monseñor Eduardo Patiño se ha hecho responsable, y así consta tanto en sus declaraciones ministeriales como en sus pronunciamientos, donde además ha manifestado su pena y tristeza ante lo ocurrido.

Un reconocimiento especial a mis paisanos, por su comprensión y por la manera tan madura y cristiana como han reaccionado ante este hecho, destacando sobre todo la actitud de las familias involucradas que no levantaron cargos contra el Obispo, porque saben que no lo hizo intencionalmente, ni tampoco iba conduciendo de manera irresponsable.

Yo crecí a 5 cuadras del lugar del fatídico accidente, y les comento que Huatusco es un lugar pintoresco, tradicional y de grandes raíces cristianas. Huatusco, me atrevo a decir, es de los lugares más religiosos de todo el estado de Veracruz. A monseñor Justo Mullor, quien fuera Nuncio Apostólico en México en los años 90, le tocó vivir en Huatusco una fiesta del Corpus (como le dice nuestro pueblo) y, cuando se encuentra con algún sacerdote veracruzano, todavía platica su experiencia y su admiración por los huatusqueños, por su gran pasión por Cristo eucaristía.

Huatusco es una ciudad encantadora que ha logrado conservar su espíritu provinciano y se empieza a abrir a la modernidad. Pero sus calles son angostas y no tiene las vialidades y circuitos de las grandes ciudades. No se pueden desarrollar altas velocidades al conducir.

Seguimos pidiendo a Dios por el eterno descanso de la señora, por las personas afectadas y por monseñor Patiño, para que Dios lo fortalezca, le conceda la paz y le permita seguir desarrollando su misión como pastor y guía de la hermana Iglesia de Córdoba, que formó parte de la comunidad arquidiocesana de Xalapa.

 

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