CofradÃa del SantÃsimo Rosario
(Catedral de la Inmaculada Concepción)
El santo Rosario, en la forma y método que lo rezamos, fue inspirado a la Iglesia y dado por la santÃsima Virgen a santo Domingo, para lograr la conversión de los pecadores.
Santo Domingo, inspirado por el EspÃritu Santo, predicó con su vida el santo Rosario a través del ejemplo y la palabra, en las ciudades y en los campos, ante los grandes y los pequeños, ante sabios e ignorantes, ante los católicos. El santo Rosario que rezaba todos los dÃas era su preparación para predicar y su acción de gracias después de haber predicado.
Cuando rezamos la admirable oración de Padre Nuestro, cautivamos el corazón de Dios al invocarlo con el dulce nombre de Padre. Dios es nuestro Padre. Nosotros somos hermanos. El Cielo es nuestra patria y nuestra herencia. El Ave MarÃa da gloria a la SantÃsima Trinidad, es la más perfecta alabanza que podemos dirigir a MarÃa. La santÃsima Virgen reveló a santa Matilde que nadie puede honrarla con un saludo más agradable que el que le ofreció la SantÃsima Trinidad cuando la elevó a la dignidad de Madre de Dios.
Entre las cosas admirables que la santÃsima Madre reveló al beato Alano de la Roche están:
1) Es señal probable de eterna reprobación tener rechazo al saludo de Ave MarÃa porque con esa oración se ha reparado al mundo.
2) Quienes sienten devoción hacia el saludo a la Virgen MarÃa tiene grandes probabilidades de salvarse.
3) Quienes han recibido del Cielo el favor de amar a la santÃsima Virgen y servirla con afecto deben continuar amándola y sirviéndole hasta que ella los controle en el Cielo.
Tenemos ejemplos que comprueban que la santÃsima Virgen recompensa a quienes recen su rosario y atraen a otros a esta devoción.
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