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La Iglesia en los medios

Pbro. José Juan Sánchez Jácome 

La postura de la Iglesia en torno a situaciones que tienen una evidente repercusión moral siempre será motivo de comentarios, sobre todo, porque los criterios actualmente emanan de una nueva cultura que tiene muchos residuos de la mentalidad capitalista y de otras ideologías.

También la vida interna de la Iglesia, sus escándalos, más que sus aciertos, han sido un tema socorrido en el ambiente mediático, que genera una serie de comentarios y controversias.

Sin embargo, también se señalan muchas cosas que son francamente imprecisas, tendenciosas o, en el peor de los casos, falaces. En muchas ocasiones hemos tenido la intención de aclarar este tipo de pronunciamientos imprecisos pero, la verdad, es una empresa francamente titánica que rebasa nuestra capacidad de respuesta.

También el hecho de pronunciarse sobre este tipo de comentarios imprecisos o falaces tiene diversas maneras de interpretarse. Hay analistas políticos e incluso miembros de nuestra Iglesia que consideran que hablar necesariamente de todas estas cosas promocionaría a las personas que las afirman, o las situaciones que se señalan.

Por ejemplo, hablar de películas o libros con una tendencia marcadamente anticatólica sería una manera de darles promoción, aunque muchas veces se ha antojado decir una palabra precisamente por su falta de precisión teológica, histórica y metodológica cuando tratan temas relacionados con la Iglesia. Este tipo de publicaciones no solamente tratan con parcialidad los temas eclesiásticos, sino que también rebajan su presunción de seriedad y objetividad y, en el peor de los casos, comprometen su plataforma científica desde la que presumen hablar.

Por otra parte, hay quienes consideran que no hablar de estas situaciones representaría una manera tácita de aceptarlas o de vivir en la despreocupación. Es muy difícil, por eso, saber cuándo es conveniente, cuánto es prudente hablar y salir al paso de comentarios infundados. Será siempre una tarea que requiera de un verdadero discernimiento para hablar cuando sea necesario y apremiante hacerlo.

Hay temas y personajes eclesiásticos que han pasado por este tratamiento tendencioso. Aquí mismo, en nuestro contexto diocesano, tampoco nos hemos salvado. Ha sucedido a nuestros obispos en varias ocasiones, cuando se citan palabras que nunca dijeron o cuando se sostiene versiones de hechos que realmente no sucedieron.

Por ejemplo, la semana pasada se comentaba en dos medios locales, recurriendo a una pregunta que se justifica así más por los signos de interrogación que por el sentido en que está puesta la frase, que el Arzobispo de Xalapa se había reunido con un funcionario renombrado que tiene aspiraciones políticas, lo cual es completamente falso porque, hasta este momento, no ha sostenido este tipo de encuentros.

También el vocero oficial de la arquidiócesis hace unos días tuvo que aclarar una nota de un prestigiado diario local, donde se le hacía decir cosas que nunca dijo sobre un tema delicado y de actualidad. El padre Quintín López Cessa afirmaba que no se trataba simplemente de una imprecisión sino de una calumnia.

En fin, la prensa destaca en sus medios la vida y la dinámica de la Iglesia y ha sido realmente crítica cuando era necesario hacerlo, sobre todo cuando a nivel individual se viven situaciones que no tienen nada que ver con la hermosa misión que Dios nos ha concedido a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de esta bendita Iglesia de México. Pero también se lanza comentarios ligeros o falaces que gozan asimismo de impunidad.

 


 

 

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