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Honrarás a tu Padre y a tu Madre

“Respeta a tu padre y a tu madre, para que se prolongue tu vida sobre la tierra, que Yavé, tu Dios, te dará” (Ex 20, 12)

Por Clemen Piña
Pastoral de la Senectud

Irónicamente, hoy, 15 de junio se celebra el Día mundial de toma de conciencia del abuso y maltrato en la vejez, cuando es un mandamiento de Dios el honrar, respetar y cuidar a nuestros padres. Lamentablemente, se ha tenido que instituir fechas diversas para que caigamos en la cuenta de nuestros deberes.

Nuestros ancianos no tendrían que necesitar de una fecha para sentirse honrados, amados y protegidos; bastarían corazones agradecidos por lo mucho que ellos en su momento dieron. Todos provenimos de una familia cuyos padres dedicaron buena parte de su existencia al cuidado, educación, protección mientras nos fuimos desenvolviendo en la vida. Esos padres, ahora ya cansados, lo menos que pueden esperar es el consuelo del amor y apoyo de sus hijos. Es claro que a veces existen realidades para muchos, que han dejado cicatrices dolorosas de su infancia. Pero Dios manda: “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Esto significa que sólo Él juzgará a cada uno. Todos tenemos la obligación de velar por nuestros progenitores hasta el último día de su existencia y no como carga, sino como misión, con delicada ternura. Esta grandeza de corazón proviene de quien de verdad se ha sumergido en el amor de Dios y ha experimentado su amor incondicional a pesar de nuestras fallas.

Una familia que cuida de sus ancianos dará abundantes frutos de amor, justicia, honestidad, solidaridad, fraternidad; porque los valores que proclaman al cuidar a quien es frágil y vulnerable tienen que impregnar a todos los miembros de su familia.

El problema de la vejez no es responsabilidad del gobierno, ni de las instituciones; son la Iglesia y la sociedad, quienes deben velar por la dignidad de los ancianos. Restituirles la esperanza de vivir, hacerlos partícipes de la vida social y eclesial. Ser lo suficientemente sensibles y humildes para aceptar lo que ellos tienen para dar a pesar de sus limitaciones. En esta sociedad tan materialista y agitada, que en su modernidad tiende a dar a los individuos la máxima libertad (lo cual no garantiza objetivos ideales), mucho bien hará recibir el cariño y los valores de quienes han acumulado a través de sus experiencias en sus años vividos.

Los abuelos son los protectores silenciosos de la familia. Ellos merecen muestras palpables de nuestro cariño y respeto. Una sociedad que protege a quienes sufren y son frágiles y vela por sus derechos es una sociedad definitivamente “de primer mundo” porque tiene grandes valores. Cada uno de nosotros es responsable de la realidad que viven nuestros ancianos. Habría que preguntarse: ¿Honras a tu padre y a tu madre? Ésa será la calidad de tu vida y de tu corazón.

 

 

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