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Inicio Familia Sin hembrismo ... El machismo no existe
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Sin hembrismo ... El machismo no existe

 

Decía una señora que, cuando era joven, un vecino ayudaba a su esposa a lavar la ropa y “mi marido me prohibía hablar con ese muchacho. Nos daba hasta pena dirigirle la palabra” según ella. Era mal visto que un hombre ayudara a su esposa. Se criticaba a ambos. Ahora es más común ver a los papás preparar la leche, cargar a los bebés, cambiar el pañal y ayudar a la mamá a realizar labores domésticas. Entre los matrimonios jóvenes no es mal visto llegar de visita y encontrar al esposo guardando trastos, poniendo la mesa o preparando la cena.


El término “mandilón” ahora es aplicado a los hombres verdaderos. Un hombre es aquel que domina sus instintos, vence la tentación y tiene por prioridad a su familia respecto al sustento y la convivencia.


Cuando un hombre se entera de que va a ser papá, sueña en ese instante con la admiración de su hijo. Posiblemente desee ser ejemplo: que su pequeño o pequeña quiera seguir los pasos de su padre y estudiar o trabajar en lo que él se desempeña. Pero tristemente los hijos, en ocasiones, siguen el camino del alcoholismo, machismo, infidelidad, violencia y otros vicios.


Al paso del tiempo, el papá querrá que se le respete, se le quiera o se le admire; pero no se obtiene estas afiliaciones por gratuidad, sino que son labradas y construidas en el diario vivir.


Felicito a los papás que saben ser hombres, firmes para decir “no” a las tentaciones, dulces con sus esposas y decentes con los demás, que saben dividir el tiempo entre su trabajo, sus hijos y su esposa, que pueden ver a sus hijos a la cara porque todo lo que llega a su casa ha sido adquirido honradamente y porque son hombres de Dios, que aman, viven y buscan la gloria para ellos y sus familias.


A quienes les enseñaron que el hombre es diferente en sus necesidades carnales y que hay trabajos que no fueron hechos para ellos, les informo que Dios nos hizo diferentes, sí, pero para complementarnos, y nos dio igual dignidad, poniéndonos uno junto al otro para apoyarnos pues, cuando nos casamos, en la promesa matrimonial intercambiamos votos de fidelidad, amor y  respeto.


De igual modo, felicito a los papás que asumen su compromiso de dar vida en unión con la madre y que bendicen su hogar con paz, calma y protección no sólo material, sino que procuran los sacramentos y la oración en sus hijos, sin faltar al testimonio de ser como Cristo cabeza de su Iglesia doméstica.


Dios les bendiga abundantemente.

 


 

 

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