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Pero sigo siendo el rey


Teófilo Aguilar

Mucho se ha insistido en que en México tenemos mucha madre y poco padre. La realidad es que, ante el abrumador número de madres solteras o de familias abandonadas por el padre, no podemos negar que hay mucho de cierto en esto.


Esta realidad es, además, causante de infinidad de problemas sociales. Para empezar, la carencia de una imagen paterna en los hijos que tiende a perpetuar el mismo esquema. No digamos de causar baja autoestima e, incluso, delincuencia o drogadicción. Y como este fenómeno es cultural-social los psico-sociólogos no encuentran fácilmente respuesta. Rogelio Díaz-Guerrero, fallecido decano de los psicólogos mexicanos, para esta sociopatía proponía formar a las futuras madres en nuevos sistemas de valores, pues consideraba que ellas perpetuaban el problema al formar a sus hijos.


Hay otra propuesta interesante y digna de ser tomada en cuenta. Para algunos psicólogos, el varón, en general, no ha vivido procesos que lo lleven a una plena madurez y se queda atrapado en una adolescencia prepotente. La carencia de ritos donde es superada esta condición hace que ésta se perpetúe. Un rito de iniciación a la vida adulta lo tienen aún tribus donde el adolescente debe enfrentar los retos del varón joven y, por ejemplo, ir a la selva de noche y cazar una fiera. Al regresar a la tribu, este varón automáticamente adquiere el status de joven casadero con todas las responsabilidades.


Dentro de esta psicología, además se habla de que el verdadero varón adquiere estatura de no sólo rey (demasiado enfatizado en nuestra cultura) sino además de maestro narrador, sanador o procurador de salud y de sabio o mago. Un padre entonces tendría normalmente entre sus funciones no sólo mandar, sino además curar e instruir o guiar a sus hijos.


En el cristianismo, también hay un modelo similar. Nuestro Señor Jesucristo, modelo por excelencia, no solamente es Cristo Rey, es también liberador, maestro y filosofo. Este último concepto lo amplifica Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi: “En los antiguos sarcófagos se interpreta la figura de Cristo mediante dos imágenes: la del filósofo y la del pastor. El filósofo era el que sabía enseñar el arte esencial: el arte de ser hombre de manera recta, el arte de vivir y morir” (No. 6).

 

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