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Inicio Familia Razones y sinrazones para elegir la escuela de los hijos
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Razones y sinrazones para elegir la escuela de los hijos


Pbro. José Teódulo Guzmán Anell, S. J.

Para muchas familias ha llegado el tiempo de elegir la escuela en la que estudiarán  sus hijos e hijas durante el próximo ciclo escolar. Algunas familias tendrán el privilegio de optar entre varias instituciones escolares. La mayoría, sin embargo, inscribirá a sus hijos en la escuela que les toque en suerte, sobre todo si se trata del primer ingreso a la primaria o a la secundaria.

La elección, aun para quienes tienen pocos recursos, sobre todo si se trata de escuelas particulares, se basa en diversos motivos. Para unos, la distancia entre el hogar y la escuela es el motivo principal. A otros les atrae el hecho de que la escuela tiene aulas bonitas, canchas deportivas, bibliotecas y laboratorios. Algunas familias elegirán la escuela que les ofrece  computación e inglés desde la primaria, mientras a otras les convence la enseñanza de las buenas costumbres y las condiciones de seguridad que ofrece la institución escolar. Finalmente, habrá padres de familia para quienes el mayor argumento será que sus hijos van a recibir instrucción religiosa junto con la práctica de hábitos de orden, respeto y limpieza.

Me atrevo a hipotetizar que serán muy pocos los padres de familia que, antes de inscribir a sus hijos en una escuela, se informen respecto de la filosofía educativa del colegio, o que indaguen cómo es el perfil humano y profesional de los docentes y cuál el comportamiento humano, social e intelectual de los egresados de ese plantel educativo. «Por sus frutos los conoceréis» dice el Evangelio, y no tanto por su material didáctico o sus uniformes.

En términos generales, me atrevo a decir que la mayoría de las familias no elige una escuela porque  haya comprobado su calidad institucional sino por razones de índole pragmática o circunstancial. A veces se hace por tradición familiar, sin pensar que ni la dirección ni los maestros, ni el ambiente escolar pueden ser los mismos de hace veinte años. Quien elija una escuela porque allí enseñan computación e inglés no tiene la menor idea de que la función primordial de la educación básica debe ser la comprensión y práctica de los lenguajes de nuestra cultura y de la cultura universal, y la asimilación de los valores fundamentales de la democracia, como lo estipula el artículo tercero de nuestra Constitución.

¿Qué escuela es mejor: la que tiene bonitos edificios y centro de cómputo o aquella cuyos estudiantes saben pensar por sí mismos, manejan con fluidez los lenguajes de la cultura: oral, escrito, científico, social y  artístico, y manifiestan en su conducta los valores de la democracia? ¿Son mejores los alumnos que se saben de memoria el libro de texto o los que desarrollan un pensamiento autónomo, creativo e intuitivo?

¿Se elige una escuela porque los directivos y maestros propician actitudes conducentes a la convivencia humana tales como el respeto y el aprecio a la diversidad cultural, la tolerancia, la curiosidad científica, la perseverancia y la solidaridad con los más débiles?

No siempre la escuela más cara, si se trata de la enseñanza privada, es la mejor, ni la más bonita es la que  forma a los estudiantes para la vida, la responsabilidad y la democracia.


 

 

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