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Inicio Familia Lydia y Jorge, una familia con 13 hijos que confía en el amor incondicional de Dios
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Lydia y Jorge, una familia con 13 hijos que confía en el amor incondicional de Dios


Juan Bosco Arellano

Cuando Jorge Ignacio Hernández Martínez estaba en la sala de espera de un hospital, atento a que su esposa, Lydia Leal Uribe, diera a luz a su noveno hijo, un médico salió a decirle que las cosas se estaban complicando. El galeno, en tono recriminatorio, le dijo: «Récele a su Dios, a ver si Él le ayuda».

Jorge Ignacio y Lydia sabían que Dios estaba con ellos porque lograron traer a la fiesta del mundo a 13 hijos: Saray, de 23 años; Clara Lydia, Julia, José David, Elsa Raquel, Jorge, Francisco, Carlos Ignacio, Ismael, Jesús Humberto, Santiago, Ángel Benjamín y Eleazar, de tan sólo un año.

Familiares, vecinos y conocidos los han criticado siempre. El chiste más común sobre sus personas es el que se refiere a si ven o no televisión.

Pero no sólo eso. Algunos médicos reprendieron en alguna ocasión a Jorge Ignacio, argumentando que estaba poniendo en riesgo la vida de su esposa.

Sin embargo, este matrimonio no se ha empecinado en tener hijos sino que ha vivido con la convicción de que la vocación de la familia se construye con los hijos que Dios quiera regalar, y ellos así lo han aceptado.

De los 13 hijos procreados, 8 llegaron al mundo por parto normal y 5 por cesárea, a pesar de que los médicos argumentan que una mujer sólo puede tener 3 cesáreas. Con el último, Eleazar, un médico católico les dijo que el útero estaba por desprenderse y que era necesario retirarlo.

El matrimonio vio en esto una señal de Dios para cerrar el ciclo de la conformación de su familia.

Jorge Ignacio y Lydia consideran que los hijos son una bendición y que Dios ha sido muy generoso con ellos.

«Se nos ha tachado de fanáticos, de radicales. Me han dicho que, en realidad, no quiero a mi mujer, por poner en riesgo su vida, pero nosotros vivimos desde otra perspectiva, desde la confianza en Dios. El mundo nos dice actualmente que para vivir más cómodamente hay que tener uno o dos hijos. Al tener pocos hijos se deja de tener problemas económicos y se puede vivir mejor, porque se puede escoger el mejor coche, la mejor televisión o el mejor celular. Sin embargo, nosotros pensamos de otra manera y nos hemos dado cuenta de que Dios nunca nos ha dejado solos. Cuando más dificultades tenemos ahí está Él, con los amigos, con las becas, con el trabajo, etcétera» comenta Jorge.

Lydia dice que cuando le han llegado las tentaciones del demonio, siempre tiene una respuesta para enfrentarlo y seguir adelante.

Ambos aceptan que sus convicciones religiosas se han visto respaldadas por el Camino Neocatecumenal al que pertenecen.

«Sin la ayuda del movimiento, de nuestros hermanos, difícilmente habríamos podido seguir la voluntad de Dios en nuestra familia» añaden, en su casa de la calle Manzano No. 31 de la Colonia Infonavit Sumidero, en Xalapa.

Jorge Ignacio dice que en 1995, con cinco hijos ya, vivió una crisis económica que lo hizo dudar.

«Siempre hemos creído que los hijos son una bendición, y en particular, el tener tantos hijos me ha ayudado a ser fiel, a estar más unido con mi esposa y a no andar buscando otra mujer. No dudo que Dios me ha bendecido, pero en 1995 tuve una crisis y no veía la bendición de Dios sino más bien creía que era un castigo. Pero después las cosas fueron cambiando y a la fecha sigo creyendo en que han sido una bendición».

Lydia y Jorge no creen que sólo las familias pequeñas vivan mejor. Dicen que en una ocasión, cuando llegó el noveno hijo, un doctor les comentó que les tenía mucha admiración porque él tenía sólo un hijo y no sabía qué hacer con él.

En su casa de Manzano 31 ya sólo viven 12, porque la hija mayor, Saray, de 23 años, se casó.

La segunda en la lista, Clara Lydia, estudiante de Administración de Empresas en la Universidad Veracruzana, cuenta que como hija mayor le costó mucho trabajo asumir la responsabilidad de ayudar a su madre, que siempre estaba embarazada.

«Cuando era más chica renegaba mucho por esa situación. Estaba en la secundaria y tenía que ayudar mucho en la casa. Pero bueno, creo que eso me sirvió en mi carácter y en mi manera de ser, porque ahora tengo un espíritu de ayuda y solidaridad con mis compañeros y amigos».

La joven estudiante muestra también sus convicciones religiosas: «He visto que Dios es fiel y que, cuando uno hace su voluntad, nos recompensa. Además creo que lo importante no es que tengas mucho, porque mucha gente prefiere tener un coche nuevo a tener un hijo. He visto a muchos de mis compañeros que tienen mucho dinero pero no tienen ni a sus padres ni a Dios en sus vidas, Y eso es muy importante».

A su vez, Jorge, de 14 años, señala que se divierte por tener muchos hermanos pero que también en muchas ocasiones no está de acuerdo y se pelea con ellos.
« Creo que es normal, pero lo más importante es que somos una familia muy unida que sabemos organizarnos y ayudarnos. También entre mis compañeros de escuela veo que, a pesar de que son dos o tres hermanos, viven divididos, peleados y alejados de sus padres. Eso no pasa con nosotros» anota.

Julia, la tercera de esta prole, estudiante en la Escuela Normal Veracruzana, comenta que al principio le incomodaban las críticas cuando sus compañeros sabían del tamaño de su familia.

«Te critican, se burlan, dicen que si tus papás no veían la televisión, etcétera, pero para nosotros esta gran familia es una bendición y una muestra de que Dios existe y puede hacer cosas grandes» indica.

Reconoce las dificultades que han vivido y al preguntarle si ella, con apenas 20 años, se animaría a tener tantos hijos, dice: «Ahora no podría contestar. No sé. Dependerá de la voluntad de Dios y de mis circunstancias».

Los 15 integrantes de la familia Hernández Leal son una muestra fehaciente de que se puede cumplir la voluntad de Dios y se pude confiar en su Providencia.

 


 

 

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