Gonzalo Herrera Barreda
He tenido la suerte, si me aceptan esta expresión, de encontrarme en la vida con una serie de personas que me han dado muchas cosas que hoy dÃa me están sirviendo para desarrollarme tanto en el ámbito personal como en el social en general. Asà como personas, también he tenido la oportunidad de vivir experiencias que, sin ser en primera instancia llamativas, se han convertido en fundamentales para lo que ahora soy.
Dicen que recordar es vivir, y creo que también es agradecer. Muchas cosas tengo que agradecer y sé que ha sido Dios el que me ha cuidado, es Él quien me ha llevado junto a personas que me han marcado. Sé que es Él quien me ha guiado a lugares para experimentar enseñanzas que me han forjado. Recuerdo hace muchos, muchos años, tenÃa yo 8 años, y ayudaba a mi mamá a limpiar la casa y el jardÃn. Me empezó a inquietar que estuviéramos haciéndolo todos los dÃas y de manera, para mÃ, exagerada, asà que le pregunté: «Mami, ¿por qué estamos limpiando tanto la casa?». Ella me respondió: «Porque dentro algunos dÃas nos va a visitar una persona muy importante». Y ese fin de semana, recibà mi Primera Comunión. Esto ha quedado muy presente en mi memoria. Lo que mi mamá y mi papá han hecho en mi vida resulta hoy invaluable. Me ayudaron a conocer a Dios y ver lo infinitamente bueno que es conmigo. Recibirlo sacramentalmente hizo que iniciara un recorrido que me hizo soñar en la posibilidad de ser alguien que le siguiere muy de cerca, como sacerdote.
Mis años dentro de un seminario fueron, y lo son aún, cimientos de fortaleza en donde he podido construir. Ya Dios se habÃa encargado de ponerme dentro de una gran familia y, por si faltara algo más, me regaló la formación en el semillero del sacerdocio ministerial. Hoy no dejo de darle gracias a Dios por tan grandes experiencias, por ayudarme a comprender la maravilla del sacerdocio y el amor a la Iglesia. Dios no me llamó por el sacerdocio ministerial, pero ha querido que lo valore.
Sé que la tarea que el Señor me encomienda dÃa a dÃa estará requiriendo de lo que he aprendido, de lo que Él me ha ayudado a aprender. Las enseñanzas que me ha dado por medio de mis padres, de mis hermanas, hoy de mi esposa y de mis hijos, se van sumando a lo que otras personas me han dado. Hoy, en momentos en los que se cuestiona mucho el papel de la Iglesia, del sacerdocio, quiero externar mi agradecimiento a Dios por la Iglesia y por el sacerdocio, y pido, en una humilde oración, por los momentos en que nos negamos a ver su mano maravillosa en tan grandes gracias.
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