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Inicio Fe y Política «No se ha globalizado el beneficio para los obreros»:
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«No se ha globalizado el beneficio para los obreros»:

«No se ha globalizado el beneficio para los obreros»: Salvador Gómez

«Nos engañaron; nos dijeron que se podía ganar más trabajando menos y la Biblia es muy clara: se gana el pan con el sudor de la frente».

Juan Bosco Arellano

Salvador Gómez Yánez es un predicador preocupado por el entorno social. El salvadoreño que ha recorrido el mundo predicando la Palabra de Dios está convencido de que Dios sigue hablando al hombre moderno e iluminando su vida en la tierra.

El predicador católico dice a ¡Alégrate! que la globalización, que ha globalizado las marcas y la producción, «no ha globalizado el beneficio para los obreros».

«Las transnacionales te vienen a poner una fábrica; es cierto, hay mano de obra, pero no le pagan lo que pagan en sus casas matrices. Y eso está creando un esquema de injusticia muy grande, se está haciendo muy grande la brecha entre el capital y la mano de obra» insiste.

Asevera que cuando algún empresario se convierte al catolicismo, le dicen: «Hermano Salvador, yo quiero donar dinero, quiero hacer algo», y él les contesta: «No, no, no me des limosnas, hermano. Mejor págale bien a la gente que te ayuda a producir.

«Se van enojar conmigo los sacerdotes, se van a enojar conmigo los que dicen ‘Done dinero para hacer un orfanatorio’, ‘Done dinero para mantener niños pobres’. Pero hay niños pobres porque hay poco dinero en las familias y ese dinero no llega a las familias porque los patrones no son justos en sus pagos» comenta.

El predicador insiste: «De verdad que he tenido que rechazar muchos donativos. Mucha gente sale emocionada de las conferencias y me dice: ‘Salvador, ¿por qué no haces un auditorio? Te vamos a dar terrenos, dinero, todo para que lo hagas’. Y les digo: no necesitamos eso. Yo soy un predicador católico y tengo templos en todo el mundo, mi Iglesia es donde suenan las campanas. Págale bien a tu gente, porque muchos tranquilizan su conciencia dando una limosna para un orfanatorio, y ésa no es la conversión verdadera; creo que la verdadera conversión es cuando tu corazón se vuelve fraterno, solidario, y te acercas al pobre no para dar limosna, sino para aprender. Los pobres nos evangelizan, dependen de Dios, son solidarios, tienen poco y lo que tienen lo comparten, viven felices, tranquilos. El problema de nuestros países no son los indígenas ni los pobres; los indígenas son felices. El problema son aquellos que ambicionan otro status de vida, y viven frustrados y amargados por no lograrlo».

El dios del dinero

El salvadoreño insiste en el texto evangélico: «Donde está tu tesoro ahí está tu corazón»
«El hombre le ha dado demasiada importancia a los bienes materiales. Jesús le dijo un día a Martha: ‘Martha, Martha, te agitas por muchas cosas, y hay necesidad de pocas’. Mira, el problema financiero del mundo tiene que ver con una letra en una palabra. Nuestros padres nos enseñaron: si quieres tener una casa, trabaja, ahorra, y compra tu casa. Si quieres tener un coche, trabaja, ahorra, y compra tu coche. Si quieres ir de vacaciones,  trabaja, ahorra, y vete de vacaciones. Y ahora, los nuevos modelos económicos nos quitaron una ere, y nos dijeron, ahora puedes tener tu casa, ahora puedes tener tu coche, ahora puedes ir de vacaciones, y nos enseñaron a usar tarjetas de crédito; nos enseñaron a disfrutar ahora, y a trabajar para pagar. Eso te hace trabajar sin ilusión, hermano, porque si ya sabes que todo tu sueldo lo debes ¿quién va a trabajar con la ilusión de ‘Voy a trabajar para comprar un coche’».

Salvador insiste en que los grandes problemas financieros del mundo se generaron porque se olvidó el mensaje bíblico: «Ganarás tu pan con el sudor de tu frente». Y san Pablo señala: «El que no trabaja que no coma».

«Y ¿sabes por qué hubo todo este problema financiero?, indica Gómez Yánez, porque nos engañaron, nos dijeron que tú puedes ganar más trabajando menos».

«Sí, nos engañaron con la especulación de capitales; nos dijeron que la Bolsa de Valores nos daría grandes inversiones e intereses. Hubo gente que no escuchó la Biblia. Hicieron lo que les dijeron: usted no trabaje, ponga mejor su dinero a trabajar, que trabajen otros por usted, usted meta su dinero y le vamos a dar el 30, el 40%, ¿y quién te dijo que trabajando menos vas a ganar más? Y luego vino la decepción» concluye.

 

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