Declaran habitantes de Santa RosaFernando Rueda Rojano
Regresan los recuerdos a los habitantes a Santa Rosa. Y por más que alguien intentara, nadie haya en la memoria personal y colectiva alguna imagen, alguna palabra, algo que contradiga lo que todos, sin ponerse de acuerdo, ven con absoluta nitidez, el corazón no los puede engañar.
La señora Edith Contreras Campos acudió al templo a acompañar a los papás del padre Rafael Muñiz y de su hermano Francisco, a apoyarlos, a orar. Habla de la familia. «Tiene como 20 años que los conozco. Conocà a la familia. Al padre Rafa, desde que estaba en el Seminario. Él era un joven normal, bullanguero, trabajador. Cuando venÃa de vacaciones del Seminario, siempre llegaba a trabajar a su comunidad. Y como yo estaba aquà en la Iglesia, venÃa y se ponÃa de acuerdo conmigo para organizar qué se iba a hacer. No venÃa nada más a descansar. VenÃa a ver qué hacer en su comunidad. Es muy
trabajador. Nunca vi que tuviera mal comportamiento con los muchachos y las muchachas, ni de seminarista. TenÃa un comportamiento normal con todos. Siempre muy alegre. En diciembre, le gustaba venir a organizar pastorelas, organizar a los jóvenes, hacerles retiros. Después de que se ordenó, cuando tenÃa oportunidad, venÃa a celebrar y a estar con su comunidad, con la gente».
De Francisco recuerda que fue acólito en este mismo templo que ahora escucha las plegarias de una comunidad desolada. «A los 17 ó 18 años, fue coordinador del grupo juvenil a nivel decanato. También de él tengo muy buena imagen; fue muy amigo de mis tres hijos. Siempre a donde iba uno iban todos a organizar festivales con los muchachos. Nunca tuvo vicios. Un muchacho ejemplar. No entiendo por qué les están diciendo que son eso. Una persona que llega a esos extremos ya de atrás viene exhibiendo una conducta, pero ellos no. ¿Cómo nada más de un dÃa para otro ya van a cambiar?
«Yo tengo un recuerdo muy bonito de ellos. Siempre estaban dispuestos a servir a la comunidad. Con su familia, siempre muy unidos. Eran su familia y la Iglesia; nada de andar de parranda. Su vida era ésa. Aquà nadie ha dicho nada malo de ellos».
Doña Edith recuerda que el padre Rafa, después de que se ordenó, estuvo en La Estanzuela. «Fuimos varias veces. Y toda la gente lo quiere mucho y nadie se queja de él. En los lugares donde ha estado nadie se queja de él. Ahora que hemos andado recogiendo firmas, hemos ido a varios lugares, y todo mundo firma para apoyar al padre. Cómo es posible que a una persona de la que nadie se queja nada más en un dÃa se le difame. Sus obras, sus hechos, son lo que lo respaldan ahorita.
«A lo mejor no es pronto, pero esto se tiene que aclarar, con la ayuda de Dios. Aquà toda la gente está preocupada y se acercan a preguntar pero no con morbo, se siente que están tristes, con dolor, con tristeza, con preocupación, quisieran que ya el padre estuviera libre de esto».
Por su parte, la señora Esperanza DomÃnguez Márquez lo recuerda como unos jóvenes muy respetuosos, muy educados, «porque sus papás son muy buenas personas. Aquà nadie le va a decir nada malo de ellos. Al padre Rafa lo llevé a la Primera Comunión. Él siempre ha sido muy buena gente conmigo. Cuando yo lo he necesitado, me ha dado muy buenos consejos».
Doña Esperanza tiene tres hijos. Recuerda que en una semana santa, su hija y otra joven acompañaron al padre Rafa a Alto Lucero y otros pueblos de alrededor. Su hija le ha dicho: «’Yo no creo eso del padre Fayo, porque nosotros fuimos con él y ni con la mirada nos faltaba’. O sea, una persona muy respetuosa, muy buena. Nosotros ya fuimos a una manifestación a Xalapa y también su parroquia está muy entregada a él. Que por ahà le haya venido todo, uno no puede saber. Ya ve que no faltan malentendidos o envidias o lo que sea. Pero nosotros pensamos que ellos son inocentes, no creemos que estén metidos en algo malo. Fue que los metieron, los involucraron. De ellos uno nunca va a esperar eso. Porque cuando una persona es asÃ, se le conoce la morbosidad o las intenciones, rapidito se le nota. Y más uno que ya es mayor identifica a esas personas. El que es asà no lo puede disimular ni esconder y Fayo todo el tiempo fue todo bueno. Qué pudiera uno preguntarle o pedirle que no le diera a uno un buen consejo, palabras de aliento. Nunca indujo a nadie a nada malo. Y no creo que todos coincidiéramos en esto sin que fuera cierto. Todos aquà sabemos quién es Fayo. Nadie creyó».
Doña Esperanza comparte el dolor de la familia. «No es justo que siendo inocentes estén sufriendo. A sus padres ¿no los ven cómo están? Si nada más le pasa algo a un hijo y ya se está uno muriendo, imagÃnese, pensar que están ahà encerrados; no sabe uno si comen o no, no saben nada. Esperemos en Dios que esto se aclare. Es lo que todo el pueblo desea». Entre las paredes los recuerdos y las oraciones no cesan y se entrelazan.
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