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Inicio Fe y Política Lo que hicieron con nuestros hijos no se vale
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Lo que hicieron con nuestros hijos no se vale

Fernando Rueda Rojano

En Santa Rosa la gente sigue trabajando, pero se respira un ambiente que no es habitual. Hay silencio. Hay espera. Hay dolor. Hay gente en la iglesia más que de costumbre. Van a pedir por el padre Rafa Muñiz y su hermano Francisco. Ahí se puede ver a doña Estela López Montero, la madre que llora y suplica.


«Estoy desesperada. Yo ya no aguanto esto. Le pido a Dios que me dé fuerzas para llegar a México y para verlos y abrazarlos y decirles que esta infamia que se cometió no se vale. Lo que hicieron con nuestros hijos no se vale».


En Santa Rosa toda la gente apoya a la familia Muñiz López, además de todas las comunidades de la parroquia de Mozomboa y de  todos los lugares donde el padre Rafael estuvo de apostolado, donde él ha estado y lo conocen. Pacho Nuevo, Tinajas, San Isidro, Naranjillos, Alto Lucero, Cerrillos… Nos dice doña Estela que en La Estanzuela se recogieron mil 600 firmas.

Rodeada por madres solidarias, doña Estela expresa: «Le doy gracias a Dios porque la gente, las amistades no nos ha abandonado. Algunos sacerdotes me han venido a ver y les doy gracias por estar al pendiente de nuestros hijos y de nosotros. Me han dado mucha fortaleza; si no, ya estuviera en el panteón, yo ya no viviera».

La mirada de doña Estela parece regresar. «Yo le agradezco al señor Gobernador porque dice que contemos con su apoyo. Tenemos mucha fe en que, si Dios quiere, nuestros hijos estarán libres porque ellos no son culpables de lo que se les acusa. Ya las autoridades se están dando cuenta de que ha sido una calumnia lo que les han hecho a mis hijos».

Mientras algunas personas han interrumpido sus actividades de mediodía para acompañarla y orar, doña Estela toma un respiro que dura muy poco. «Ya no aguanto. Siento que me voy a morir sin ver a mis hijos. Yo ya no soporto esto… Sin comer, sin dormir».

Quienes la acompañan guardan silencio, consternados. «Todos en la familia están tristes. Nos quisieron enloquecer en un ratito, en un día. Todos corriendo para acá y para allá: mis hijos, mis nueras, mis nietos, mi esposo, sus hermanos, todos… No entiendo yo nada de esto, la verdad. Y estoy muy triste. ¿Por qué se empeñaron en enloquecernos en un rato a toda la familia? Eso no se vale».

Doña Estela, temblorosa, hace volver a sus ojos un pañuelo húmedo y vuelve a respirar. «Ahora que vaya a México tengo que hacerme la fuerte para verlos y abrazarlos y darles la fuerza que necesitan de su madre; yo a ellos y ellos a mí porque sí estoy desesperada y su papá está deshecho».

Junto a doña Estela se ha sentado don Rogelio Muñiz Márquez, que acaba de entrar al templo. «Vamos principalmente a darles más fuerza y decirles a mis hijos que estamos con ellos, que nunca los abandonaremos, que lucharemos hasta el final hasta tenerlos acá en nuestra casa».

En medio de la pena y la aflicción, don Rogelio se siente agradecido con el señor arzobispo, don Hipólito Reyes Larios: «que desde el primer momento nos ha estado echando la mano. Le doy las gracias por el apoyo que nos ha estado dando y le pedimos que nos siga apoyando y que también vigile cómo van los licenciados. Porque pues nosotros ya estamos desesperados. Espero en Dios que esto se aclare porque ya es mucho lo que nos están lastimando a mí y a mi familia y a mi pueblo que también está muy consternado por lo que les hicieron a nuestros hijos. Ellos son gentes de bien. No sé por qué alguien los quiere perjudicar. Es lo que nos entristece y a veces nos da valor para seguir luchando, para poder salvarlos de donde están, porque eso no se vale, no tiene nombre. De plano que son personas que no tienen corazón, no tienen alma por lo que vinieron a hacer. Estamos muy indignados por estas cosas que están pasando».

El papá del padre Rafa es un hombre de fe. «Mis hijos van a tener más fortaleza, se van a fortalecer más. Si Dios quiere, tengo la esperanza y la fe en Dios que pronto los vamos a tener aquí con nosotros».

 

 

 

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