Juan Bosco Arellano
Estuve hace unos dÃas en Zinacantán, Chiapas, y un hombre de tez morena, manos agrietadas, huarache y un impecable y colorido traje de gala me dijo en una larga charla que cada pueblo escoge su destino.
El hombre de Zinacantán sabÃa lo que decÃa y la frase tuvo respaldo histórico cuando me habló de la organización social de este pueblo chiapaneco, a escasos 20 kilómetros de San Cristobal de las Casas. Una organización un tanto teocéntrica, ligada a la cosmovisión religiosa de todos sus habitantes pero en donde curiosamente ellos toman las decisiones y nadie más.
Mientras me conducÃa a un telar casero para mostrarme las prendas que su esposa elabora, el personaje me contó que un dÃa de campaña llegó un elocuente polÃtico con una larga lista de promesas. El polÃtico querÃa el voto y sabÃa que a cambio tenÃa que prometer, conocedor del viejo proverbio de que «prometer no empobrece». Reunida la comunidad en pleno, el sonriente, bien peinado y parlanchÃn hombre de la polis se sirvió con la cuchara grande.
Ya habÃa recorrido unas diez cuartillas y parecÃa que le quedaban otras diez, y el malestar ya se sentÃa en el rostro de los zinacantecos. Sin decir agua va, un hombre se puso de pie con un legajo en la mano. Se veÃa que eran papeles por los que las manos sucias, de tierra, campesinas, habÃan pasado muchas veces.
«No siga, señor, no siga. Le agradecemos sus palabras» indicó el poblador. «Todo lo que nuestra comunidad necesita está aquà en estos papeles. Leálos y cuando crea que puede ayudarnos con algo, regrese. No necesitamos nada más, sólo lo que está ahà escrito».
El polÃtico trató de controlar la situación. Sus guaruras corrieron a recoger los papeles. Todos los hombres de la comunidad se fueron levantando. Nadie le dio las gracias ni lo saludó. Fueron respetuosos, sÃ, pero sabÃan que les querÃa ver la cara…
«Asà pasó tal cual» me dijo mi interlocutor.
Por eso le digo, «cada pueblo escoge su destino».
Recuerdo esta conversación justo en la semana que iniciaron las campañas polÃticas en los 300 distritos federales del paÃs. Hombres y mujeres de todo el paÃs salieron con la alforja llena a repartir promesas.
Algunos creen, más que en la efectividad de las promesas, en las dádivas o en los tapabocas multicolores para contener una crisis de influenza ante la poca credibilidad de un gobierno que ya anunció que la economÃa mexicana se contraerá al cierre del 2009 entre 3.8% y 4%.
Ojalá que los candidatos encuentren ciudadanos conscientes, prestos, atentos, dispuestos a escoger su destino. Ojalá que esta elección no encuentre ciudadanos atemorizados, desconfiados (aunque tendrÃamos todas las razones para estarlo), sino dispuestos a cambiar un destino inmediato no tan fácil.
Los ciudadanos debemos exigir, más que promesas, acciones concretas para sacar adelante a este paÃs cuya crisis económica no hemos dimensionado. Para llevar adelante una nación que durante el primer trimestre de este año tuvo una caÃda en sus finanzas del 7%, de acuerdo con un informe de la SecretarÃa de Hacienda.
El destino está en nuestras manos. ¿Qué diputados queremos que saquen al paÃs adelante?
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