Primera de dos partes
Pbro. José Manuel Suazo Reyes
Concentramos nuestra reflexión en el libro de los Jueces y muy concretamente en el ciclo de Gedeón, que se localiza en los capÃtulos 6 al 8.
 Estos capÃtulos resultan muy interesantes porque las hazañas de Gedeón y las reflexiones que de ahà se pueden sacar nos permiten entender mejor el uso del poder.
El libro de los Jueces pretende dar la impresión de que hubo una sucesión ordenada de doce jueces que gobernaron todo Israel, como si fuera una historia seguida. Esta imagen es muy discutida. Lo más probable es que estos jueces fueron lÃderes carismáticos locales. Más aun, es muy probable que varios de ellos pudieran haber coexistido en la misma época. El libro los presenta como libertadores de «todo» Israel y en forma sucesiva. Es muy probable que el número 12 sea un número artificial para hacerlo coincidir con el número de tribus en Israel.
En la Biblia, un juez era antes que nada un guerrero o un libertador del pueblo, al que, por la fuerza o la habilidad militar, defendÃan de las agresiones provenientes de grupos extranjeros. Estos jueces eran ayudados por el EspÃritu de Dios que los dotaba de habilidades extraordinarias para el combate y la conducción de grupos (cf Jue 3, 10; 6, 34; 11, 29; 13, 25; 14, 6. 19). Entre esto, jefes carismáticos se encuentra Gedeón.
Los enemigos contra los que tiene que luchar Gedeón y su grupo son llamados madianitas (cf Jue 6, 1ss). Habitaban tanto en el norte de la PenÃnsula del Sinaà como en el sur de Transjordania. Se consideraban también descendientes de Abraham (cf Gn 25, 2ss). Estos madianitas eran seminómadas y, como tales, no tenÃan un sentido riguroso de la propiedad, no consideraban un crimen el «visitar» los terrenos de cultivo de los sedentarios para proveerse de lo necesario. Estos grupos hacÃan incursiones sorpresivas que tomaban desprevenidos a los sedentarios, se apoderaban de sus cosechas y rebaños sumiéndolos asà en una crisis económica que los llevaba a quedar sin los medios de subsistencia por un buen tiempo (cf Jue 6, 3-6).
El ciclo de Gedeón (Jue 6-8) pretende ofrecer no tanto una crónica de eventos militares y polÃticos sino proclamar la necesidad del pueblo de Dios de confiar en Dios que lo ha liberado en el pasado, más que en su propio poder y su propia fuerza.
Gedeón es un hombre como cualquier otro, un campesino de su tiempo que, con métodos todavÃa muy primitivos, consigue el pan para sà mismo y para su familia. No tiene propiedades personales, trabaja en el lote familiar de su padre Joás. AsÃ, mientras está trillando el trigo, Dios le habla por medio de un enviado suyo y lo destina a liberar a su pueblo de las invasiones depredadoras de los madianitas (cf Jue 6, 11-12). A partir del llamado que recibe de parte de Dios, Gedeón tendrá que convencer al pueblo para que luche y se defienda de la agresión, tendrá que infundirles valor y proponerles un plan de ataque convincente.
Naturalmente que asumir un puesto de gobierno o de liderazgo representa para quien lo hace correr una serie de riesgos y sufrir mermas personales, tales como la disminución del tiempo libre y del tiempo que podrÃa ser redituable para dedicarse al propio quehacer económico; además, cuando ese cargo tiene que ver con actividades militares, como es el caso de Gedeón, se corre el gran riesgo de perder la propia vida. Pero por otra parte, participar del gobierno reporta para quien lo hace abundante beneficios; a veces, el gobernante se convierte en un intocable, un privilegiado que por haber servido al sistema éste lo recompensa devolviéndole protección y hasta impunidad. Alguien que ocupó altos cargos en el gobierno está seguro de que no será molestado nunca por la autoridad. Hay muchos ejemplos actuales que el sentido común del lector lo recuerdan naturalmente. Continuará…
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