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Inicio Fe y Política Gedeón, el noble ideal del gobernante
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Gedeón, el noble ideal del gobernante

Segunda de dos partes
Pbro. José Manuel Suazo Reyes

El libro de los Jueces, en el ciclo de Gedeón (Jue 6-8), resulta muy aleccionador sobre estos asuntos. Gedeón es un caudillo militar exitoso y triunfador, que libró a los israelitas de la amenaza y el saqueo de los madianitas; el pueblo lo aprecia tanto que hasta le llegan a ofrecer la corona (cf Jue 8, 22-28). Sin embargo, Gedeón no acepta la propuesta argumentando que el único jefe será el Señor, el único soberano será Dios (cf Jue 8, 23). Gedeón rechaza la tentación del poder y rechaza la corona. Ciertamente, lo único que no rechaza es la tentación del tener, ya que pedirá una parte del botín de guerra.

Lo admirable en Gedeón es que, una vez que se supera la amenaza madianita, él se va a vivir a su casa (cf Jue 8, 29), regresa a las ocupaciones habituales de los campesinos de su tiempo, trillar el trigo y cuidar su ganado. Gedeón no reclama privilegios ni cuotas de poder por haber desempeñado un puesto de servicio público o de gobierno, vuelve a ser lo que era: un hombre como todos, un israelita común y corriente a quien el haber ejercido el poder no le pervirtió el cerebro o el corazón, ni le aseguró una carrera como sucede en la actualidad.

Es admirable también cómo en esa época este tipo de líderes no están todavía rodeados de toda una corte de funcionarios y servidores, ni coexiste un aparato burocrático; este tipo de gobernantes no ha creado una distancia entre su nivel de vida y la de su pueblo. Es más bien un estratega militar que marcha a la cabeza de su pueblo, lo convoca para la guerra y el pueblo lo sigue porque tiene poder de convicción, su liderazgo no le fue regalado por nadie, él vale por lo que sabe hacer. Vale porque el único ante quien realmente importa quedar bien es Dios y Dios está con él. Hoy los que ejercen algún «servicio» público proclaman con sus voceros oficiales que están muy cerca de la gente; sólo que para que se presenten ante ellos, llega primero una oleada de periodistas que darán testimonio de lo que dijo o hizo ese servidor público; lo acompañará además un ejército de gente que vive del sistema y que muchas veces su función es sostener un papel que leerá aquel que acompañan.

El liderazgo de Gedeón es un servicio que no resulta impuesto al pueblo, no es un gobernante temido o soportado, es querido por su gente, se ha ganado el reconocimiento del pueblo porque ha arriesgado su vida y sus posesiones. Gedeón perderá sus atribuciones de gobernante para seguir siendo un ciudadano común, sin ningún privilegio ni prerrogativa ante los demás.

Entre la época de Gedeón y la nuestra hay muchos miles de años de distancia. No obstante ello, debe notarse que el espíritu y la actitud presentes en esa forma primitiva de gobierno resultan muy evangélicos. Gobernar para Gedeón es servir; y gobernar es arriesgar la vida para servir. Gedeón gobierna sólo el tiempo necesario sin caer en la tentación de perpetuarse en el cargo. Hoy no nos extraña que a uno que vemos en un «servicio» público, mañana lo encontramos en otro, como si se estuvieran reciclando en el poder. Gedeón no cede a las presiones de su gente que le pide que se convierta en rey por tiempo indefinido y las rechaza simplemente porque sabe que los reyes, las más de las veces, no sirven realmente al pueblo, sino que aprovechan su oficio para llenarse de enormes privilegios y hasta de impunidad.

 

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